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Ventajas para un fondo, promotor o ayuntamiento de un sistema industrializado

A estas alturas, de sobra es conocido sobre qué tres factores se sostiene el concepto Sostenibilidad: el Económico, el Social y el Medioambiental.

Como apunte, sólo añadir que también hay corrientes avaladas por la UNESCO que ya incluyen un cuarto factor, el “cultural”, poniendo el acento, de forma muy acertada, en que la cultura determina la forma de actuar de las personas en el mundo.

Hoy, los agentes que formamos parte del sector de la edificación, desde Inversores, Empresas promotoras, constructoras y, como no, Administraciones Públicas, tenemos el compromiso y deber hacia la sociedad de tomar decisiones poniendo en equilibrio estos conceptos. Cuando las empresas o los administradores públicos toman sus decisiones estratégicas preponderando en exceso uno de estos factores, cabe pensar que el económico, aunque no siempre, en el caso de las primeras y el social o medioambiental en el caso de las segundas, tarde o temprano se van a producir desequilibrios en sus consecuencias que, la mayoría de las veces, se traducirán en externalidades negativas que terminan afectando al conjunto de la sociedad. El futuro sostenible sólo es posible teniendo en cuenta los tres (cuatro) factores de la Sostenibilidad, no uno de ellos.

Hasta hace algún tiempo, las empresas tomaban sus decisiones basadas principalmente en el factor económico, es decir, preponderando uno de los factores por encima de los otros o, peor aún, teniendo en cuenta solamente uno, su cuenta de resultados. Sobra decir que una empresa tiene el objetivo legítimo de ganar dinero, de generar valor para sus accionistas y, de hecho, una empresa no será sostenible si no obtiene beneficios; ahora bien, la clave radica en la forma que tiene de ganar dinero, cómo lo hace y qué consecuencias tiene, no sólo para sus “stakeholders” sino para el conjunto de la sociedad.

Por su parte, las Administraciones Públicas deben asumir el papel de impulsores y dinamizadores de la Sostenibilidad en el conjunto de la sociedad, estableciendo políticas en las que, nunca olvidando sus tres (cuatro) factores, generen un marco de actuación favorable. En este contexto, la administración no tiene que actuar desde una situación de poder, sino como impulsora de la RSE, por ejemplo, cómo afecta una licitación cuando en los pliegos incluyen requisitos concretos en sostenibilidad o de qué forma podemos gestionar las licencias de construcción para reducir los tiempos improductivos de un proceso de edificación.

Dicho lo anterior y entrando en materia, la Construcción Industrializada aporta una serie de ventajas que nos permite a los agentes de la edificación, participar en el cumplimiento y respuesta a estos tres criterios básicos de sostenibilidad.

Económico

Como ya se ha mencionado, aparte de ser un objetivo lícito, es una obligación para los responsables de las empresas el tomar decisiones que impacten positivamente en su cuenta de resultados y para los administradores públicos en gestionar los fondos públicos de la forma más eficiente posible. La CI cuenta con ventajas que impactan de lleno en este factor, la reducción de plazos e incertidumbres y el incremento en la eficiencia en las operaciones, suponen una optimización de recursos y, en consecuencia, una optimización del coste. Tómese en cuenta desde que se inicia un proyecto hasta que se entrega el edificio a su destinatario, raramente se producen periodos inferiores a tres años, la incertidumbre asociada al plazo se traduce en riesgo y este a su vez en coste. Como reflexión, tómese como ejemplo en una operación Build to Rent, lo que puede suponer reducir un plazo en 12 meses y anticipar la obtención de ingresos durante este periodo. Una vez la CI demuestra esta reduc – ción de plazos, no habrá inversor sea público o privado que ponga en duda su interés por el modelo, ya que estaremos respetando el factor económico.

Medioambiental

Múltiples factores inciden directamente en este factor. La generación de residuos, las emisiones de CO 2 , el consumo de agua. La CI aporta una importante ventaja al producir las soluciones en serie, bajo un entorno controlado, sometido a indicadores constantes que permiten optimizar el uso de re – cursos energéticos y materiales. La gestión de los residuos en un entorno fijo e industrial es mucho más controlada que la generada insitu en la obra. Por su parte, la gestión del transporte de materiales a obra y posterior transporte de residuos a vertedero aumenta las emisiones de CO 2 . La CI responde directamente al componente Medioambiental.

Social

Del mismo modo que en lo medioambiental, hay múltiples factores a tener en cuenta de cómo la CI puede contribuir en el ámbito social, vayan a continuación solo tres ejemplos tales como: la “Democratización de la calidad en la edifica – ción”, llevándolo al símil de la industria del automóvil, un vehículo puede tener más o menos opciones que dirigen eproducto a un perfil de cliente determinado por su poder adquisitivo, pero nunca se pone en duda la fiabilidad o seguridad por muy básica que sean sus opciones. En la CI se seleccionarán distintos acabados en función de las necesidades y gustos del público, pero el confort y calidad interior del edifico estará garantizado por un mayor control de la ejecución, esto permite obtener viviendas de muy alta calidad y confort, por ejemplo, para aquellos colectivos con mayores dificultades de acceso a la vivienda, como es el caso de los jóvenes. Si hablamos de género, según el Observatorio de Igualdad y Empleo (2018) el porcentaje de mujeres en la Construcción se queda en un 8% mientras que en la Industria general representan cifras en el entorno del 25 %; si bien aquí queda mucho por hacer en todos los ámbitos, mucho más en el sector de la construcción, en la medida que este vaya incorporando procesos industriales, se facilitará la incorporación de la mujer.

Como reflexión final, haciendo el análisis específico de los criterios sostenibles, para un Fondo de Inversión, un Promotor o Ayuntamiento, que el desarrollo de sus actuaciones vinculadas a la construcción sea a través de un sistema de construcción industrializado, tiene la ventaja de dar respuesta a los retos en lo económico, social y medioambiental de forma directa, las características de la CI hacen que esta sea intrínseca a la Sostenibilidad.

Empresas inversoras, promotoras y constructoras interesadas en cumplir con la triple cuenta de resultados, verán la CI como un aliado para el logro de los objetivos, podrán mejorar rentabilidades económicas al tiempo que reducen sus externalidades negativas, como el impacto al medioambiente, en el ámbito social se democratiza la calidad de los hogares, la seguridad en el trabajo, el confort de los edificios… contribuyendo directamente a la mejora de la calidad de vida de sus usuarios.

Las ventajas que tiene la CI frente a sus posibles barreras, casi más de mentalidad y pensamiento que de razón, irán paulatinamente abriéndose paso en el sector hasta su normalización, en algunos casos con buenas combinaciones entre lo industrializado y tradicional, otras más radicales hacia lo industrializado. Para los más escépticos del modelo: será difícil en un futuro más próximo que lejano, ver un proceso de edificación que no incorpore de facto la CI.

Javier Bermejo Amarillo,

Director General de Profine Iberia – KÖMMERLING

Industrialización y sostenibilidad: Grandes palancas para la financiación

El sector inmobiliario nacional se encuentra ante uno de los mayores retos de su historia. Un cambio de modelo estructural que adecúe sus métodos más tradicionales de gestión y desarrollo a las necesidades actuales de la sociedad moderna.

Tras unos años duros, que han servido para afianzar el nivel de profesionalización en todos los ámbitos de la cadena, ha llegado el momento de dar el paso definitivo hacia la verdadera eficiencia y sostenibilidad de nuestro sistema. Y en respuesta a esto, la construcción industrializada emerge como uno de los puntales en los que construir esta nueva etapa y dar soluciones reales al impacto que la construcción tradicional tiene a muchos niveles.

La reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero, así como de los consumos energéticos, la optimización del empleo de materias primas o una menor generación de residuos de difícil valoración son sólo algunas de las muchas ventajas que ofrece este nuevo modelo. Además, tenemos la oportunidad de avanzar hacia un entorno mucho más digitalizado, controlado y eficiente.

Los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible de Naciones Unidas vienen marcando la ruta a toda la industria desde hace años, permitiendo a las grandes y pequeñas compañías alinear sus estrategias corporativas a un modelo de crecimiento eficiente y provechoso. Los inversores, tanto nacionales como internacionales son ahora plenamente conscientes de ello exigiendo una planificación y políticas de acción que permita incrementar su valor como firmas fiables y comprometidas. En CULMIA, el alineamiento con los ODS nos brinda la oportunidad de orientar el modelo sostenible hacia un objetivo claro y medible.

No es de extrañar que durante y después de la pandemia, los retornos generados por los fondos de renta variable sostenible en países como Estados Unidos superaran a los obtenidos por los fondos tradicionales. Asociar la inversión sostenible a una caída del rendimiento es ya un concepto del pasado. El aumento del interés por las inversiones sostenibles es la señal inequívoca de la toma de conciencia de cada vez más empresas sobre la importancia de implementar prácticas basadas en los criterios ESG.

El sector inmobiliario no es ajeno a esta tendencia y debe trabajar teniendo presente que el objetivo último del concepto de sostenibilidad es satisfacer las necesidades de la generación actual sin comprometer las necesidades de las generaciones futuras. Para ello, el desarrollo sostenible debe mantener el equilibrio entre el crecimiento económico, el cuidado del medio ambiente y el bienestar social. Los nuevos proyectos cuentan ya con un marcado perfil sostenible que son imprescindibles tanto para la búsqueda de financiación como para levantar el interés de los inversores.

COLABORACIÓN A TODOS LOS NIVELES

La Sociedad demanda, por tanto, un objetivo de Sostenibilidad claro. Nuestro sector es uno de los mayores generadores de emisiones de CO₂ (actualmente casi el 30% de emisiones globales) y consumidores de energía, por lo que todos los agentes deben dirigir sus pasos y procesos hacia ese objetivo de eficiencia. Los arquitectos e ingenieros diseñan edificios más eficientes desde el punto de vista de consumo energético, mediante elementos pasivos o activos de alta eficiencia. Los constructores e industriales ejecutan las obras tratando de disminuir consumos energéticos, huella de carbono y generación de residuos. Y no debemos olvidar a otro agente fundamental en la cadena, las entidades financieras. Son ellas las que permiten financiar los proyectos y la compra de las viviendas al cliente final y resultan fundamentales para acelerar el desarrollo sostenible de los futuros proyectos.

Para ser capaces de disminuir la huella de carbono, promoviendo la economía circular y la correcta gestión de residuos, diseñando y ejecutando edificios con alta eficiencia energética, así como mejorando las condiciones laborales del sector, resulta imprescindible tener claros los objetivos y pasos a seguir. Pero, sobre todo, es necesario ser eficiente en todos los procesos. En el sector promotor y constructor, el éxito para ser más eficientes pasa por una apuesta por la digitalización de los procesos y por su desarrollo desde un enfoque colaborativo entre proveedores, industriales, arquitectos, constructores y promotores bajo el paraguas de las técnicas de planificación Lean, que aseguran una minimización y eliminación de errores y defectos. No hay ninguna duda de que la fórmula para conseguir esto actualmente pasa por el desarrollo de un modelo de construcción industrializado.

COMPROMISO Y CONCIENCIACIÓN BANCARIA

Somos ya conscientes de que cada vez más, las entidades financieras y fondos de inversión, así como las administraciones públicas están valorando la ejecución de estos proyectos sostenibles que ayuden a disminuir las emisiones de CO2, el consumo de energía y los residuos. Es importante tener presente que se trata de una financiación que aplica a todos los niveles, tanto en la fase de construcción y desarrollo como en la fase de uso por parte del cliente final. Las hipotecas verdes, las que bonifican el interés, ofrecen tipos más bajos o eliminan la comisión de apertura si la vivienda es eficiente energéticamente, son ya una realidad en cualquier oficina bancaria. Las grandes entidades están cada vez más implicadas, lo que sin duda ayudará también a hacer evolucionar el negocio inmobiliario.

La forma de colaborar por parte de las entidades financieras en la sostenibilidad se basa en ofrecer mejores condiciones económicas en proyectos y/o viviendas que tengan una alta eficiencia energética, en comparación con el resto de los proyectos. La mayor parte exigen que el Certificado de Eficiencia Energética (CEE) alcance la calificación de A o B, lo que sin duda ha impulsado su desarrollo en toda la industria. De hecho, desde el 2015, en una apuesta clara por esta preocupación de la Sociedad, CULMIA mantiene como requisito de diseño que todos sus proyectos tengan una calificación A o B. Asimismo, y como un nuevo paso hacia un modelo realmente comprometido con la eficiencia y la sostenibilidad, venimos trabajando también en el desarrollo de nuestro propio Certificado de Vivienda Sostenible y Saludable, que contará con unos estándares definidos, y que esperamos poner en marcha en todas nuestras promociones durante los próximos meses.

Desde el punto de vista del cliente final, el modelo industrializado y sostenible no sólo ofrece ventajas desde el lado de la financiación, los consumos energéticos objetivamente menores en un momento en el que el precio de la electricidad viene marcando máximos históricos será también diferencial para avanzar durante los próximos años en esta materia.

Mención aparte merece también el sector público, que será uno de los principales dinamizadores de la construcción industrializada y los nuevos modelos sostenibles. La Administración conoce que sus recientes y próximos proyectos en materia de Built to Rent y la vivienda asequible deben tener ese componente de sostenibilidad aplicada en los edificios proyectados y construidos para asegurarse unas mejores condiciones de financiación y menor coste de mantenimiento futuro.

Finalmente, anotar que actualmente y en el corto plazo, los grandes inversores y financiadores vienen fijando sus intereses en aquellos parámetros que sean capaces de mejorar la eficiencia energética. Pero a medio plazo, tengamos presente que una vez estandarizado que todos los proyectos cuenten con un consumo energético casi nulo, los proyectos mejor bonificados serán aquellos que sean capaces de desarrollar una mejor economía circular, asegurando que se continúa disminuyendo la huella ecológica del sector a todos los niveles. La mayor reutilización de los materiales (actualmente sólo se alcanzan en Europa porcentajes del 20-30%) podrá ahorrar también una cantidad ingente de las emisiones de CO2 generadas.

 

Juan Manuel Borrás,

Director de Operaciones de CULMIA

Economía circular y ética: reflexiones de un nuevo paradigma

Tenemos un único planeta, del cual la humanidad se va abasteciendo.

Érase una vez un rey en su castillo, que vivía en un mundo maravilloso, lleno de vida, montañas, ríos y animales. Todo el mundo era feliz y se vivía en armonía con el entorno.

El rey, para conseguir el “progreso”de su pueblo, comenzó a diseñar procesos con el objetivo de que los habitantes de su reino tuvieran acceso a mayor cantidad de productos, recursos y una vida mejor. La gente comenzó a comprar estos nuevos productos y servicios, pero cada vez los querían con mayor inmediatez, lo que generó tensiones en el reino. El rey no era capaz de atender las demandas de sus habitantes, pero, entonces, descubrió el petróleo como una fuente de energía que le permitía alcanzar mayor productividad y crecer cada vez más y más. Comenzó a construir grandes autopistas e infraestructuras para que estos productos cada vez se pudieran entregar más rápido.

El planeta le ofrecía todo lo que necesitaba para ese crecimiento rápido, no había límites y la gente de las poblaciones pequeñas comenzó a viajar y asentarse en este nuevo reino donde todo se podía tener…

La historia de una economía depredadora en energía y recursos comienza de esta manera. Todos somos habitantes de ese reino desde hace muchos años (probablemente desde la era industrial), pero hoy los indicios indican que, o cambiamos nuestra forma de utilizar los recursos, o llegaremos al colapso de la humanidad. Es por esto por lo que la sostenibilidad está hoy en boca de todos. Este término puede resultar muy ambiguo ya que engloba multitud de aspectos como, por ejemplo, las emisiones de gases de efecto invernadero, los residuos, los vertidos, el consumo de recursos, la eficiencia energética, el cambio climático, la economía circular, la pobreza energética… Hoy todo ha de ser sostenible y todo el mundo se apunta a la moda. Pero el que todo el mundo hable de sostenibilidad obliga necesariamente a los mercados, fabricantes, diseñadores y legisladores a integrar estos conceptos en sus desarrollos.

Hoy vivimos en una economía líneal de producir, usar y tirar, pero el paradigma de este modelo está llegando a su fin y debemos abordar un modelo conocido como economía circular que no es más que un modelo basado en reducir, reusar y reciclar.

Para entender bien la esencia del concepto de economía circular tenemos que tener claro que cada año el planeta produce una serie de recursos que la humanidad va consumiendo (agua, energía, materias primas, etc). Tenemos un único planeta, del cual la humanidad se va abasteciendo. El 29 de julio de 2021, la humanidad consumió todos los recursos que el planeta es capaz de producir durante el total del año. Este fenómeno, calculado por la organización internacional sin ánimo de lucro Global Footprint Network (GFN), significa que, durante este año, la humanidad consumirá el equivalente a 1,7 planetas de media. Por lo tanto, el balance total demuestra que la humanidad está en números rojos y tiene en su cuenta lo que se conoce como “deuda ecológica”, que se hace patente en la pérdida de biodiversidad y la presencia de fenómenos meteorológicos cada vez más potentes y más frecuentes.

Esta deuda ecológica se mantiene en España al menos desde 1961, año en el que Naciones Unidas empezó a recopilar esta serie de datos, y no se ha reducido desde entonces.

Todo lo anterior nos debería llevar a reflexionar. En los países desarrollados vivimos en una sociedad cada vez más globalizada, en la que durante los últimos años se ha primado la cultura del consumo de bienes y objetos con un crecimiento exponencial. Pero… ¿es ético relacionar economía, crecimiento y sostenibilidad?

Según expresa la Agencia Europea del Medio Ambiente, en su publicación “Growth without economic growth”, el crecimiento económico, tal y como lo entendemos hoy en día, está vinculado al aumento de la producción, el consumo y el uso de recursos y tiene efectos perjudiciales para el medioambiente y la salud humana. Es poco probable que pueda lograrse una disociación absoluta y duradera del crecimiento económico y las presiones e impactos medioambientales a escala mundial, por lo que las sociedades deben replantearse qué se entiende por crecimiento y progreso y su significado para la sostenibilidad global.

Incluso si en los países desarrollados consiguiéramos implementar sistemas de economía circular que nos permitieran llegar a un equilibrio entre lo que el planeta es capaz de producir y lo que necesitamos, ¿sería ético pedir esto mismo a los países en vías de desarrollo? Es evidente que la huella ambiental está íntimamente relacionada con los modelos de desarrollo socioeconómicos, pero si atendemos a las macrotendencias, esto no es solamente una cuestión relacionada con los países ricos. A nivel global, la esperanza de vida crece, así como la calidad de ésta, con lo que existe una demanda creciente de bienes y servicios en todo el mundo que dará como resultado un incremento de la demanda de materias primas a nivel global. Esto, unido a un incremento de la población mundial en los próximos años, nos obligará a un cambio de paradigma absoluto ya que solamente tenemos un planeta.

Este cambio de paradigma tendrá que ir ligado a modificaciones no sólo en las prácticas sociales y el consumo, sino también a cambios tecnológicos que hagan posible poner en práctica la economía circular en más y más sectores, entre ellos el de la construcción. El sector de la edificación y la construcción es un actor clave: por ejemplo, en 2017 representó el 36% del uso de energía final y el 39% de las emisiones relacionadas con la energía y los procesos.

Si bien en los últimos años se han producido (y se seguirán produciendo) grandes avances en la etapa de uso de los edificios para hacerlos más confortables y eficientes, es fundamental que sigamos poniendo el foco en la etapa de producción y construcción y también en el fin de vida de los componentes que forman nuestras construcciones, aplicando el concepto de economía circular a todas las etapas del ciclo de vida del edificio.

Esto supondrá desviar cada vez más materiales del flujo a vertedero y elevar la tasa de recuperación de los residuos de construcción y demolición por encima del 70% marcado por la directiva europea (2008/98/CE) y sus posteriores modificaciones para 2020. Por ejemplo, en España se producen al año 130.000 toneladas de residuos de Placa de Yeso Laminado (PYL). El yeso es un material 100% reciclable que puede ser reciclado infinitas veces, por lo que, con la instauración de los procesos adecuados para su reciclaje, se puede obtener un nuevo material que mantiene las mismas

cualidades y garantías que el inicial. Esto permite reintroducirlo nuevamente en el mercado, reduciendo el consumo de recursos naturales y preservando el medio ambiente. Estos motivos son suficientes para impulsar la necesaria elección de materiales reciclables y reutilizables siempre que sea posible. Aunque esto es sólo un ejemplo, será obligación de todos los agentes implicados en la construcción que la circularidad de nuestras edificaciones sea una realidad para conseguir la reducción de las emisiones y la energía consumida por nuestro sector.

Mari Luz Jimeno,
Responsable en la Oficina Técnica de Saint-Gobain ISOVER y Placo

Edificación industrializada, una urgencia y una oportunidad

En estos tiempos escuchamos continuamente hablar de la transformación digital de todos los sectores; y es ciertamente desconcertante, pues debemos reconocer que una parte de la sociedad ya lo está.

Vaya si lo está, no hay más que ver el intenso tráfico de mensajes en las distintas redes sociales, la forma en la que disfrutamos del ocio, el modo en que vemos nuestras series preferidas, viajamos, hacemos nuestras compras o pagamos, incluso, desde nuestros relojes.

Por tanto, no se trata tanto de si es posible o no una transformación digital sino de una voluntad (o quizás cabría decir una motivación) que nos lleve a implementar esos nuevos modos de hacer.

La pandemia ha acelerado todos estos procesos por la necesidad, que es sin duda la mayor de las motivaciones. De repente hemos encontrado no llevar dinero en nuestros bolsillos, tener cada vez menos papel en nuestro día a día, acreditando nuestra identidad telemáticamente, y todo ello lo hemos hecho decididos, entendiendo que, aunque tedioso al inicio, nos facilitaría las cosas. ¿Por qué, entonces, la digitalización y transformación de un sector estratégico es tan compleja?

Será quizás la tradición, la melancólica idea del oficio medieval de la construcción; aunque me temo que se trata más bien del miedo al cambio; ese que llega irremediablemente como observó Heráclito. Y es que es muy difícil generar una revolución (que de eso se trata) y que la emprendan aquellos que no quieren dejar de hacer las cosas de la única manera que conocen.

En el ámbito de la arquitectura, a finales de los años 80 del siglo pasado, el CAD inició su implantación en los estudios y se enfrentó a esta misma situación, el cuestionamiento de su viabilidad por aquellos que hasta ese momento trabajaban con estilógrafos a tinta china y papel vegetal. Los argumentos, que el coste era un grave impedimento, pues los proyectos dejaban de ser rentables debido a tener que

invertir en ordenadores y en personal especializado… ¿nos suena? Hoy lo recordamos con cierta ternura, pues realmente estaba cambiando de manera radical e irrevocable la forma de hacer un proyecto. Pero es interesante recordar aquello, pues supuso la reconversión completa de procesos, y de una profesión, los delineantes; y ello no generó desempleo, al contrario, se avanzó hacia modelos de mayor calidad laboral, con una mayor capacitación.

En este Libro Blanco sobre la industrialización de la edificación se mencionan profunda y detalladamente las ventajas que ello traerá al proceso y al producto terminado, por lo que no abundaré en ello. Pero sí cabe enfatizar que, además, estamos en un momento crucial para conseguir que la construcción sea un motor de empleo más estable, profesionalizado, inclusivo y transversal.

Reconvertir la edificación en un sector a la vanguardia de la tecnología, con nuevos materiales (en nuestro laboratorio de la ETSIE estamos fabricando hormigones de ultra alta resistencia-UHPC- con más de 150 N/mm2 de resistencia, testando armado con fibras con un límite elástico seis veces superior al del acero, etc.), la implementación de metodologías BIM y LEAN, va a provocar un salto cualitativo en este ancestral sector que lo hará “visible” a esas nuevas generaciones que consideran el trabajo en obra muy duro (porque lo es), sucio y, en fin, poco glamouroso, si se me permite la licencia.

La actual falta de mano de obra (tradicional) es alarmante y pone en riesgo los nuevos proyectos inmobiliarios. Desde la Cátedra Observatorio de la Vivienda de la UPV se estima que los costes derivados de esta escasez de mano de obra cualificada, unido al relevante aumento en el precio de las materias primas, puede suponer una distorsión en el sector ante la imposibilidad de repercutir esos importes al precio de venta. Con los datos del 3T2021 que manejamos en la Cátedra, el mercado inmobiliario está en un delicado equilibrio, inmerso en una recuperación que se ha visto alterada por la pandemia, pero que en modo alguno puede caer en el error de imputar los sobrecostes al cliente final, pues peligraría la comercialización de los inmuebles.

La forma de gestionar los proyectos inmobiliarios debe enfrentarse de manera muy diferente a la que ha venido siendo habitual, pues es extremadamente sensible a cambios coyunturales. No tiene sentido que los agentes que construirán una edificación se “conozcan” cuando va a empezar la obra. Ya es tarde para demasiadas cosas, entre ellas, garantizar los tres pilares: calidad, plazo y precio.

Se debe optar cuanto antes por implementar el contrato colaborativo IPD (Integrated Project Delivery), industrializar los procesos, aplicar metodología BIM y filosofía Lean Construction, y hacerlo desde el inicio del planteamiento de viabilidad de la operación inmobiliaria, mucho antes de iniciar el modelado del proyecto. Propiedad, arquitectos, ingenieros, constructora, fabricantes, proveedores y consultores deben,

de manera conjunta, dar forma a ese gemelo digital parametrizado que será garantía de éxito. Cuanto más proceso industrializado haya y menos trabajo artesanal en el “tajo” de obra, más posibilidades de cumplir con los objetivos iniciales. En las universidades ya se trabaja para adaptar los nuevos planes de estudios a estos escenarios cambiantes, y lo deberíamos hacer planteándonos cómo será nuestro sector no mañana sino en 30 años. ¿Podemos imaginar la edificación en 2050? No hace falta aplicar machine learning para intuir que habrá mucha robótica, ensamblado automatizado y poco de “obra sucia”.

La vivienda se está convirtiendo en un lugar muy tecnificado, conectado y sostenible, un hogar digital que se relacionará de manera autónoma con el entorno construido, a través de IoT (Internet of Things) y las tecnologías 5G. Una edificación totalmente sensorizada; en la ETSIE estamos investigando con sensores conectados para prevenir la oxidación en elementos estructurales, detectores de olores o “sabores” -mediante lenguas electrónicas-, etc. que ya anticipan cómo las viviendas van a autorregularse sin necesidad de intervención humana. ¿Realmente alguien cree que en estos escenarios caben procesos constructivos que dependen de la formación y criterio de mano de obra no profesionalizada o gestión de proyectos obsoletos?

El empleo que se precisa, hacia donde se debe orientar la Formación Profesional de los futuros trabajadores del sector, es un perfil mucho más especializado, que trabajará en condiciones estables, bajo techo y con procesos estandarizados, con un salto cualitativo en PRL y conciliación laboral -consecuencia de no tener que improvisar equipos por cercanía a las obras-, que permitirá una mayor inserción de la mujer en todos los procesos y, en definitiva, será más transversal, pues no diferirá tanto de otros procesos de sectores que pasarán a ser afines (crear espacios para utilizarlos en viviendas, hoteles u hospitales será similar a prepararlos para ser dispuestos en embarcaciones o en zonas de emergencia).

Y esto no debe ser considerado como una amenaza para la Arquitectura, que ya imagino ese nuevo frente. No, es todo lo contrario, es una extraordinaria oportunidad de manejar otros elementos en el proceso creativo que permitirán que la materialización del gemelo digital en realidad construida tenga menos incertidumbre y mayor calidad. El debate acerca de su coste ya lo hemos vivido, como se ha mencionado. Ha sido cuestionado siempre que la inversión se hacía en Calidad, sin un retorno inmediato. Pero ya nadie discute que mejorar los procesos, asegurar los estándares fijados y hacer que todo encaje es la mejor inversión en cualquier industria. Y la edificación no será menos, pues, no en vano, habremos pasado de medir en centímetros a hacerlo en milímetros.

Fernando Cos-Gayón López,
Director de la Escuela Técnica Superior de Ingeniería de Edificación de la UPV.

LEVEL(s): propuesta de la Comisión Europea de indicadores de sostenibilidad en edificios

El sector de la edificación como parte de la solución de los grandes desafíos de la humanidad.

En menos de 30 años (en concreto, en el periodo 2020- 2050), la población mundial pasará de 7800 a 9700 millones de habitantes, un incremento equivalente a añadir nuevamente la población de China e India juntas (11 mil millones de habitantes en 2100). Este crecimiento de la población mundial se producirá exclusivamente en núcleos urbanos: de hecho, en el año 2050, la población urbana superará a la que había en todo el planeta a principios de este siglo y para cubrir toda la demanda de esta nueva población en términos de recursos (agua, energía, materias primas, etc) necesitaremos el equivalente a tres planetas si seguimos con nuestro modelo actual.

Como es evidente, sólo tenemos un planeta con capacidad limitada de absorción de gases de efecto invernadero y contaminantes, y de generación de recursos para satisfacer todas nuestras necesidades, por lo que es necesario cambiar nuestro concepto de desarrollo y modelo económico. Solamente garantizaremos la continuidad de la especie tal y como la conocemos hoy mediante la desvinculación del crecimiento del consumo ilimitado de recursos. De la misma manera, deberemos cambiar nuestras fuentes actuales de consumo de energía y pasar a utilizar energías menos contaminantes. Por estas y otras razones, la Comisión Europea lleva trabajando muchos años en el desarrollo de herramientas para la lucha contra el cambio climático (descarbonización y transición energética) y la economía circular.

Siendo el sector de la edificación uno de los responsables de gran parte de los impactos ambientales provocados, también es el sector con mayor potencial de ayudar a resolver los grandes retos de sostenibilidad, como se muestra en la siguiente figura.

El sector de la edificación se convierte así en un actor clave como parte de la solución del problema para alcanzar la neutralidad climática marcada por la Comisión Europea para el año 2050, ya que es precisamente este sector el mayor consumidor de energía y de recursos en la UE. Además, más del 94% de los edificios actuales en Europa seguirán en pie en 2050, debido a la baja tasa de demolición. La mayoría de estos edificios son antiguos e ineficientes energéticamente, con más de la mitad de ellos en las tres clases de energía más bajas (E, F y G) marcadas por la UE.

Por otro lado, los edificios construidos en el pasado fueron diseñados para unas condiciones de vida totalmente diferentes a las de hoy donde no se consideraban la digitalización, el teletrabajo y las condiciones de accesibilidad debido al envejecimiento de la población. La rehabilitación del sector será una de las grandes palancas no solo para generar empleo sino para alcanzar las metas definidas en la hoja de ruta de la sostenibilidad.

Además, el sector de la edificación es clave para el bienestar de las personas, y no solo de forma directa. Si en 2012 los edificios hubiesen sido de clase energética A (la clase energética más alta) la reducción en el pago de la factura energética en los años más duros de la crisis hubiese permitido evitar los recortes en sanidad y educación, cuando nuestra balanza de pagos estaba desequilibrada por nuestra fuerte dependencia energética del exterior. Necesitamos un parque eficiente e independiente de los combustibles fósiles para protegernos no solo a nosotros sino también a nuestro estado del bienestar.

Todo ello nos obligará a una transformación profunda del sector de la edificación, que tendrá que ir acompañada de un cambio global en todo nuestro sistema productivo aplicando principalmente tres estrategias:

Si tenemos claro que necesitamos una edificación más sostenible, también necesitaremos definir mecanismos que nos permitan determinar el comportamiento ambiental de los edificios porque… ¿qué entendemos por un edificio sostenible? ¿es aquel que consume poca energía? ¿el que consume menos agua? ¿el que genera menos residuos? ¿el más económico?

Surge la necesidad de disponer de un sistema de indicadores objetivos que nos permita determinar este concepto. Esto es lo que subyace detrás del concepto de Level(s). Level(s) es un marco voluntario y común para evaluar el comportamiento medioambiental y la sostenibilidad de los edificios durante su ciclo de vida que ha sido desarrollado por la Comisión Europea en colaboración con los actores de la industria, entre los que se encuentra SAINT-GOBAIN.

Level(s) contribuye a la economía circular, ofreciendo un procedimiento por etapas para la evaluación del ciclo de vida a través de un conjunto de indicadores básicos de sostenibilidad, para edificios residenciales y de oficinas, que abordan no sólo su comportamiento medioambiental, sino también otros aspectos clave en la sostenibilidad vinculados con la salud, el confort, el bienestar, el coste del ciclo de vida o futuros riesgos en el comportamiento.

Con esto, se persigue facilitar la adopción de medidas a nivel de edificio que puedan contribuir claramente a la consecución de objetivos más generales de la política medioambiental europea, fomentando dos herramientas esenciales: el análisis del ciclo de vida (ACV) y el análisis del coste del ciclo de vida (ACCV). Está estructurado de la siguiente manera:

    1. Macroobjetivos: seis macroobjetivos en ámbitos como la energía, el uso de materiales y los residuos, el agua y la calidad del aire en interiores.
    2. Indicadores básicos: nueve indicadores comunes para medir el comportamiento de los edificios que contribuyen a lograr cada uno de los macroobjetivos.
    3. Herramientas relativas al ciclo de vida: cuatro herramientas para la generación de escenarios, una herramienta para la recogida de datos, y una metodología del ACV simplificada. Todas ellas están diseñadas para respaldar un análisis más holístico del comportamiento de los edificios basado en un enfoque que abarque todo el ciclo de vida.
    4. Calificación del valor y del riesgo: un sistema de listas de comprobación y calificación que ofrece información sobre la fiabilidad de las evaluaciones del comportamiento realizadas utilizando el marco Level(s).

El sector de la construcción es un gran consumidor de recursos en Europa. Utiliza alrededor de la mitad de todos los materiales extraídos, la mitad de toda la energía consumida y un tercio de toda el agua que se utiliza, generando un tercio del total de residuos.

Esta es la razón por la que la construcción es un objetivo clave de la política de la Comisión Europea para una economía circular, que trabajará para conseguir un sistema económico regenerativo que reduzca al mínimo el consumo de recursos y de energía. Sin duda, Level(s) marcará el camino a los distintos países de la Unión para conseguir los objetivos marcados en 2050.

Nicolás Bermejo,
Responsable Desarrollo Marketing Técnico y Sostenibilidad en Saint-Gobain, Placo e ISOVER.

Análisis del sistema industrializado en PRL: evolución técnica y menor riesgo

En comparación con otros sectores, el de la construcción ha manifestado una mayor ralentización con relación a los cambios evolutivos a lo largo de los años. Esto, unido a la crisis económica y sanitaria que ahora mismo estamos viviendo, invita a reinventar el mismo, buscando la necesidad obligada de reestructurarse en todos los campos con el fin de adaptarse a aquellas.

Los objetivos de coste de producción, calidad, plazos y, por qué no decirlo, seguridad y medioambiente, cada vez más integrado en las necesidades de la sociedad, obliga a analizar la introducción de sistemas industrializados en el proceso constructivo actual.

Fabricando los elementos que componen los edificios fuera de su ubicación definitiva (es decir, prefabricando) se puede, no sólo reducir considerablemente los plazos de las obras y mejorar la calidad de la construcción, dado que una buena parte de los procesos de producción se realizan en fábricas, dejando para realizar en el lugar de las obras los trabajos de ensamblaje de los distintos elementos que constituyan el edificio, sino también aprovechar dicha coyuntura para cambiar ciertas costumbres desde el punto de vista de la prevención de riesgos la – borales (PRL), contribuyendo a intentar mejorar los altos índices de siniestralidad que año tras año experimenta el sector de la construcción.

En este sentido, en materia de prevención de riesgos laborales, se debe tener en cuenta varias normativas al respecto dentro de las cuales se encuadraría y apoyaría esta idea expuesta:

    1. Artículo 15 de la Ley 31/95 “Principios de la Acción Preventiva” apartado e), según el cual el empresario aplicará las medidas que integran el deber general de prevención teniendo en cuenta la evolución de la técnica.
    2. Ley 54/2003, de 12 de diciembre, de reforma del marco normativo de Prevención de Riesgos Laborales, donde se introduce la necesidad de integrar la actividad preventiva en los sistemas de gestión de las empresas.
    3. D. 1627/1997, disposiciones mínimas de seguridad y salud en las obras de construcción, artículo 8 donde se indica que de conformidad con la Ley de Prevención de Riesgos Laborales, los principios generales de prevención en materia de seguridad y de salud deberán ser tomados en consideración por el proyectista en las fases de concepción, estudio y elaboración del proyecto de obra y en particular al tomar las decisiones constructivas, técnicas y de organización con el fin de planificar los distintos trabajos o fases de trabajo que se desarrollarán simultánea o sucesivamente.

A este respecto, la utilización de un sistema industrializado da cumplimiento a dichos puntos, dado que constituye una “evolución técnica” en relación con los sistemas tradicionales y pueden ser diseñados e integrados en un proyecto hecho a medida.

REDUCIENDO LA SINIESTRALIDAD DE LA CONSTRUCCIÓN TRADICIONAL

Por otro lado, tal y como comentábamos, el sector de la construcción es uno de los sectores con mayor accidentabilidad existente. El sistema tradicional de ejecución in situ es una fuente de riesgos por las características que implica: mayor número de trabajadores expuestos y durante mayor tiempo, sobrecarga de exposición a elementos susceptibles de generar riesgos (fundamentalmente maquinaria, materiales y medios auxiliares), menor limpieza del entorno de trabajo, etc. Basta con mostrar los índices de incidencia de cada sector que publica el Ministerio de Trabajo cada año:

En cambio, el montaje de elementos prefabricados es una alternativa que reduce de forma importante estos riesgos, además de presentar otras ventajas desde el punto de vista técnico, económico, de plazos, coordinación de actividades empresariales, medioambiente, etc.

De hecho, una de las grandes características de la construcción industrializada con elementos prefabricados de hormigón es la rapidez de ejecución y trabajar de forma mucho más limpia y ordenada, dado que, por un lado, las piezas de hormigón dispuestas en obra tienen ya la resistencia necesaria para soportar las cargas a las que van a estar expuestas (no necesitan pasar un tiempo para endurecerse y fraguar como en el sistema tradicional) y, por otro lado, los procesos están completamente procedimentados de forma previa, para que cada trabajador cumpla con total seguridad los pasos a realizar durante el proceso de unión de piezas, sin olvidar que las zonas y equipos de trabajo necesarios se pueden establecer a priori, permitiendo con ello una zona de trabajo más segura. Todo esto contribuye, sin duda, a una reducción no sólo de la exposición de los trabajadores a los riesgos laborales presentes en las obras, sino además, a la exposición a elementos susceptibles de generar riesgos anteriormente mencionados, dada la menor necesidad de maquinaria, medios auxiliares, materiales, acopios, etc., bastando, en la mayor parte de los casos, con poner a disposición de la obra los vehículos de transporte, los equipos de elevación y puesta en obra y los propios elementos prefabricados.

Además, los procesos no ocurren de forma paralela como en Fuente: Estadísticas de Accidente de Trabajo año 2019 Ministerio de Trabajo y Economía Social. el sistema clásico y sí uno detrás de otro, lo que permite la reducción de las posibilidades de cometer errores y la coordinación entre empresas y equipos.

A todo ello habría que sumar que las obras que se realizan con prefabricados generan menos movimientos en las obras y, por tanto, menos polvo y menos ruido. Lo que se traduce en menos molestias en el lugar de trabajo, con una reducción de la contaminación acústica y partículas de polvo suspendido en el ambiente, incidiendo positivamente en la salubridad para el trabajador y la sociedad en general.

Finalmente, no podemos dejar de comentar dos aspectos también importantes en ejecución industrializada: Por un lado, la mayor cualificación y especialización del personal de obra que se dedica a ello, en contraste con personal, en ocasiones poco experimentado en determinados oficios en el sistema tradicional y que, sin duda, se va a ver acrecentado con la situación de crisis actual.

Y, por otro lado, la posibilidad de realizar la ejecución y ensamblaje de elementos constructivos en conjunto, como bloques de fachada con el aluminio y cristal de las ventanas ya colocados, lo que elimina de raíz, no sólo los riesgos asociados a la ejecución de dichos oficios en obra, sino también a los trabajos ejecutados en altura en su proximidad.

Todo esto lleva a la conclusión de que en un sistema tradicional el número de riesgos a considerar es muy superior en comparación con el sistema industrial.

Estas diferencias entre uno y otro sistema se pusieron de manifiesto en un estudio acometido por el Instituto Regional de Seguridad y Salud de la Comunidad de Madrid. En este trabajo se compara la ejecución de un forjado y un muro, uno de ellos realizado mediante elementos prefabricados de hormigón y otro mediante técnicas convencionales in situ.

En su conjunto, la ejecución de la losa con placas alveolares presentaba un 27% de mejora en cuanto a los aspectos de seguridad. En el caso del muro, se observaba una mejora todavía mayor de la opción industrializada, siendo prácticamente un 50% más segura.

Por otro lado, según nuestra experiencia con obras ya ejecutadas bajo el amparo industrializado se rompe de forma radical la tendencia continua de accidentes en obra, produciéndose alguno de forma esporádica durante la ejecución de la obra y dando unos indicadores de siniestralidad muy inferiores con relación al empleo de un sistema tradicional, donde existe un goteo continuo de accidentes.

A continuación, se muestra el comportamiento típico de accidentes en una obra ejecutada mediante un sistema tradicional frente al sistema industrializado.

Con todos los datos referidos, podemos afirmar que, si bien la nueva forma de construir traerá consigo nuevos retos para la PRL, eliminará riesgos clásicos que hasta la fecha hacían que el sector de la construcción fuera uno de los que más siniestros sufrían. Por lo que la industrialización proveerá de entornos más seguros y saludables a los trabajadores, siendo este un plus sumado a la mayor sostenibilidad de los sistemas de construcción offsite que tendrán un importante impacto positivo en la sociedad.

 

Jorge González

Director de Prevención, Calidad y Medio Ambiente en Grupo Avintia

La industrialización como oportunidad para desarrollar sistemas de fachada tecnológicamente avanzados

La fachada es uno de los componentes más relevantes de los edificios, puesto que, no solo describe el aspecto y el carácter principal que adopta el conjunto, sino que, además, tiene una implicación directa en la mayoría de las prestaciones fundamentales del edificio como la térmica, acústica, estanqueidad al aire y agua, la seguridad o la privacidad. Aunque no tan frecuentes, existen incluso fachadas con capacidad estructural que permiten resolver edificios muy singulares.

Dado el carácter privilegiado de la envolvente, estableciendo la frontera entre el interior, donde se busca maximizar el confort y las condiciones óptimas para el usuario y, el exterior, sujeto a la meteorología cambiante, las fachadas llevan años progresando hacia conceptos que se definen como una barrera entre esos dos territorios: interior y exterior.

Por ejemplo, en los edificios diseñados para tener un menor consumo de energía, se ha impuesto la necesidad de adoptar una estrategia basada en sistemas cuyo éxito radica en envolventes estancas y super aisladas que, prácticamente, permiten desacoplar ambos ambientes. Siguiendo esta tendencia, en el ámbito de la rehabilitación energética se considera que sistemas de fachada ventilada o SATE, son los que permiten mejorar el comportamiento de la fachada a base de superponer abundante aislamiento térmico a la fachada existente.

Por otro lado, los productos y elementos vinculados a la envolvente plantean, en general, conceptos que se prestan de forma muy favorable a ser producidos y ensamblados empleando procesos industrializados. Soluciones multicapa, paneles sándwich, prefabricados o los elementos para huecos y ventanas, son sistemas que permiten un mayor nivel de elaboración que pueden ser premontados o ensamblados en el taller, frente a sistemas que, pieza a pieza, ladrillo a ladrillo, tradicionalmente se han construido y montado in situ. La industrialización permite elevar sustancialmente el nivel tecnológico y el desarrollo de la solución de fachada a conceptos de mayor complejidad y, en definitiva, posibilita la adopción de sistemas que proporcionan un mayor valor añadido al conjunto.

Si se toma en consideración el binomio proceso y producto, el concepto comúnmente aceptado para definir la construcción industrializada es aquel que persigue un trasvase de los procesos, trabajos, mano de obra y materiales desde la obra, ejecutada in situ, hacia la fábrica o talleres de ensamblaje (offsite), en una estrategia que requiere de la adopción de procesos y tecnologías avanzadas de fabricación, transporte y montaje (métodos modernos de construcción). De esta forma se persigue mejorar el control y calidad del proceso constructivo, con el objetivo último de, para un producto dado; el edificio, optimizar el proceso en términos de plazo, coste, calidad, seguridad y sostenibilidad en su aceptación más amplia.

Es decir, el resultado final es el mismo, lo que cambia es la forma en la que se materializa. Pero cuando se adoptan nuevos procesos de producción avanzados con un salto tecnológico relevante, cabe esperar, también, productos más avanzados y de mayor valor añadido, debido a la relación directa que se establece entre los productos y los procesos asociados. Es en este escenario en el que aparecen productos que son técnica o económicamente viables gracias al propio proceso de fabricación y que, en una construcción tradicional no tienen cabida. A modo de ejemplo cabe destacar la materialización de elementos singulares customizados y fabricados mediante impresión 3D que son muy costosos si se emplean otras tecnologías habituales (moldeo, mecanizado…), o por otro lado, procesos de instalación in situ que gracias a una mayor automatización, empleando robots para el montaje, reducen drásticamente los plazos de ejecución en obra.

Llegados a este punto la función de la fachada no se debe limitar a ser simplemente la barrera que se establece entre el interior y el exterior. Ahora, la fachada se presta a adoptar diferentes funciones con un salto cualitativo que eleva su grado de complejidad y sofisticación.

Frente a soluciones de fachadas pasivas, que generan un “escudo protector” en la envolvente de los edificios y que buscan aislar y desconectar el interior del exterior, se están comenzando a plantear soluciones y tecnologías para resolver envolventes activas y adaptativas que den una respuesta integral al conjunto del edificio. Se trata de soluciones que se fundamentan sobre un funcionamiento dinámico, de tal forma que se permita conectar y desconectar los ambientes interior y exterior según convenga.

Ya no consiste únicamente en incorporar las capas de una fachada al uso (cerramiento interior y exterior, aislamiento y barrera de vapor), también se trata de ensamblar todas las piezas en un elemento montado desde fábrica, que, por ejemplo, incorpore también las ventanas. La industrialización ofrece una oportunidad y una ventaja clara para plantear fachadas tecnológicamente avanzadas, incorporando otras tecnologías como la captación de fuentes renovables para resolver fachadas solares, sistemas para mejorar la calidad del aire y neutralización de contaminantes, soluciones de control solar y gestión de la iluminación o soluciones energéticamente optimizadas; conceptos, todos ellos, que se fundamentan a su vez en tecnologías con un elevado nivel de digitalización y análisis de datos.

Plantear resolver estas fachadas in situ y, de forma tradicional implican desarrollos que no son técnica o económicamente viables, ni tampoco ofrecen garantías en el comportamiento y respuesta de estos productos de fachada sofisticados, debido entre otros, al bajo control en la calidad de la ejecución y mayor dificultad para combinar los sistemas en la obra.

En el momento actual se identifica una clara oportunidad para, a través de la industrialización, resolver otro tipo de soluciones de fachada con prestaciones y comportamientos disruptivos.

No sólo cambia el proceso, también lo hace el resultado.

 

Peru Elguezabal Esnarrizaga

Jefe de Proyecto de Construcción Industrializada en Tecnalia

Blockchain en el sector inmobiliario

En un periodo de tiempo relativamente breve, hemos sido testigos de cómo la tecnología blockchain se ha extendido a múltiples sectores de nuestra economía -especialmente en aquellos ámbitos más tecnológicos y con una penetración importante de la digitalización-, pero también en otros sectores donde, de primeras, considerábamos mucho más complicada su implantación, como es el caso del sector inmobiliario.

En un periodo de tiempo relativamente breve, hemos sido testigos de cómo la tecnología blockchain se ha extendido a múltiples sectores de nuestra economía -especialmente en aquellos ámbitos más tecnológicos y con una penetración importante de la digitalización-, pero también en otros sectores donde, de primeras, considerábamos mucho más complicada su implantación, como es el caso del sector inmobiliario.

La aplicación y uso de blockchain en el sector inmobiliario ha supuesto una revolución en sí misma que, además, abre todo un mundo de nuevas oportunidades hasta ahora desconocidas o no planteadas, como el uso de esta tecnología en la construcción industrializada. En los últimos años hemos visto como en el campo del real estate, todos los profesionales y expertos en este ámbito llegamos al consenso y la conclusión de que los pilares sobre los que se asienta este nuevo ciclo del sector han de pasar por la innovación, la industrialización y la sostenibilidad.

Esta tecnología va mucho más allá del conocido Bitcoin u otras criptomonedas que han ido surgiendo en estos últimos años dentro de nuestras economías. El blockchain se basa en la inmutabilidad, la trazabilidad, la descentralización, la transparencia y la veracidad de los datos. Estas, que son sus grandes características, hacen de este servicio o conjunto de tecnologías, un activo muy atractivo para las compañías del sector inmobiliario hoy en día y es que la tecnología blockchain, por ejemplo, hace posible realizar una transferencia de un valor o activo desde cualquier lugar y sin la intervención de terceros. Esto es posible gracias a los bloques que componen blockchain (como su propio nombre indica, cadena de bloques). En el interior de estos bloques se almacena la información codificada de cada transferencia que, una vez dentro, ya no puede ser alterada o elimina da. Su principal característica es, por tanto, la fiabilidad y seguridad que ofrece a nuestros clientes y la mejora de los procesos de compra de una vivienda, mucho más rápidos, sencillos y seguros.

Tradicionalmente, las operaciones del sector inmobiliario han involucrado numerosos compromisos entre varias partes y un considerable volumen de información a contrastar, procesos burocráticos lentos, participación de diferentes actores y un largo etcétera. Con la llegada del blockchain, cada vez parece más real la posibilidad de crear una divisa digital que represente una vivienda. Esto permitiría comerciar de manera simbólica con activos inmuebles de la misma manera que hoy día lo hacemos con criptomonedas, sabiendo que quedará registrado de manera segura. La posibilidad de realizar transferencias de un valor o activo con total seguridad, máxima transparencia y que además no requiera de la intervención de terceros, supone todo un cambio en el paradigma de la compraventa o inversión en una propiedad.

Con el desarrollo de esta tecnología es posible que estemos asistiendo a una de las mayores transformaciones de las últimas décadas en el sector inmobiliario. La aplicación de la tecnología blockchain en el sector trae consigo grandes retos para compañías como Metrovacesa. Cuando decidimos adoptar su uso como acelerador de proyectos de innovación, nos vimos en la necesidad de crear una estrategia que debía implicar la digitalización de procesos, mejorar el modelo de relación con nuestros clientes y generar un nuevo canal de distribución. Esto ha supuesto un gran esfuerzo por parte de todos, pero la adaptación de esta tecnología al sector inmobiliario dará lugar, entre otras cosas, a la creación de un canal que permita a compradores y vendedores conectar entre sí. Además, esto ha dado lugar a una nueva infraestructura denominada Cripto Vivienda o Digital Real Estate Assets, donde, muy probablemente, asistiremos a un incremento de las transacciones de bienes inmuebles impulsadas por la transparencia, seguridad, inmutabilidad y por encontrarse a un solo clic, que garantiza blockchain.

Esta nueva forma de operar no es más que la respuesta que queremos dar desde el sector a la necesidad de mejorar a nivel de eficiencia, calidad y trato con el cliente, mediante la innovación.

Otro de los elementos clave en esta nueva etapa del sector inmobiliario, la industrialización, también responde a esta necesidad. El sistema de fabricación por módulos de las diferentes partes de un edificio en naves industriales, para su posterior montaje en otra localización, permite acortar los plazos de entrega de una vivienda, garantizar altos niveles de sostenibilidad y seguridad e incrementar la precisión sobre la que se asientan estos proyectos.

El concepto de construcción industrializada va un poco más allá de la estandarización y prefabricación ya que implica un cambio de mentalidad y de paradigma en el sector. La industrialización es un trabajo en equipo y colaborativo aplicado en el que promotores, arquitectos, fabricantes, constructores y demás players se coordinan para mejorar el proyecto, los tiempos, costes y la calidad del producto. Este cambio de metodología debe ir acompañado de la solución de numerosos retos que no quedan del todo solucionados por el mero hecho de compartir información de proyecto y desarrollarla de manera conjunta. En ese sentido, la aplicación de la tecnología blockchain en la industrialización de viviendas puede llevarse a cabo mediante la creación de los denominados ‘contratos inteligentes’. Similar a las trasferencias de un valor o activo, este tipo de contratos se ejecutan una vez que cada una de las partes involucradas hayan cumplido con una serie de condiciones estipuladas en el citado contrato. El cumplimiento de estas condiciones, sin necesidad de involucrar a terceras partes, se puede registrar a través de un sistema incorporado en el contrato digital. De esta manera, se reducirían al mínimo los posibles problemas de ejecución, los costes derivados de intermediarios, etc. La posibilidad de implementar la tecnología blockchain en la industrialización es un gran paso más para el avance del sector inmobiliario el sector hacia la nueva era en la que está inmerso, para establecer un entorno transparente y automatizado ayudando a optimizar e integrar todo el flujo de trabajo de la cadena de valor del sector.

 

Carmen Chicharro

Directora Comercial, Marketing e Innovación en Metrovacesa

El talento en la Construcción Industrializada: nuevos retos y ventajas

Es más que evidente que el futuro del sector de la construcción se encuentra en el modelo industrializado. Un modelo gracias al que es posible reducir plazos y optimizar costes en línea con la actual demanda del mercado, así como solventar la problemática de una mano de obra escasa, cara y cada vez menos especializada.

La pérdida de perfiles profesionales vivida en la construcción durante la anterior crisis supuso un gran golpe para el sector. Una realidad crítica en la que en el sector de la construcción y oficios asociados se perdió mucho capital humano. Evidencia clara de ello es el marcado descenso que ha habido en los últimos años en el volumen de licenciados en carreras técnicas o la gran cantidad de profesionales que tuvieron que cruzar nuestras fronteras para encontrar trabajo en otros países.

Un vacío que, obligatoriamente, debía tardar en llenar una bolsa de trabajo de profesionales muy menguada. A ello se unen una Ingeniería y Arquitectura orientadas a la fórmula tradicional, casi artesanal, de construcción, a una forma de trabajo en la que los cerramientos o las estructuras se llevan a cabo en la propia obra directamente. Algo que, en muchos casos, resulta ineficiente al depender de condicionantes climatológicas, de entregas de material que en ocasiones sufre descoordinación o de la capacitación de la mano de obra encargada de ese desempeño.

En este sentido, frente a la dependencia de la capacitación de la mano de obra propia de una construcción tradicional -que sepa gestionar de forma adecuada cualquier aspecto a lo largo del proceso-, la construcción industrializada requiere de procesos más automatizados, aunque no por ello menos complejos o técnicos. Nos encontramos ante una imperante necesidad de otro tipo de perfiles profesionales capaces de ajustarse a este nuevo paradigma y de superar los retos que supone la industrialización en el ámbito de los recursos humanos en el corto, medio y largo plazo.

Para ello, es necesario reinventarse, dar un giro de 180º e impulsar esos esfuerzos titánicos que estamos llevando a cabo las grandes empresas para conseguir profesionales en la era industrializada y, sobre todo, para seducir a un perfil de trabajador joven. Un perfil que, tradicionalmente, percibe la construcción como un sector arcaico y anticuado, que no le ofrece condiciones de trabajo acordes a las expectativas de esta generación. El modelo industrial nos permite ofrecer puestos de trabajo con otras características, más técnicos e igualitarios.

La industrialización de un sector que supone el 7% del PIB en países como España abre, sin duda, un nuevo abanico de oportunidades para nuestro mercado. Y más en el contexto que vivimos desde hace unos meses, en el que cada vez más existe un creciente interés de los consumidores por un tipo de vivienda donde la sostenibilidad -tanto en la ejecución, como en el empleo de materiales- juegan un papel protagonista.

La metodología que se sigue en la construcción industrializada, permitiendo una fabricación de viviendas cuyo sistema se puede trasladar fácilmente a diferentes puntos del territorio nacional, incluso más allá de nuestras fronteras, abre ante el sector un importante abanico de oportunidades laborales. El trabajo de la construcción industrializada no supone la desaparición de los oficios tradicionales, sino que estos pasan a tener un peso menor y, por tanto, disminuye el impacto negativo originado por la falta de profesionales y de oficios, como ocurre hasta ahora.

NUEVOS PERFILES EN ENTORNOS MÁS INCLUSIVOS Y ‘AMABLES’

Se generan así nuevas oportunidades laborales, vinculadas a la demanda de perfiles más tecnológicos -como programadores- y fabriles -como es el caso de operarios y técnicos-, entre otros.

El aspecto fabril que acompaña a la construcción industrializada hace que este tipo de construcción inmobiliaria sea menos artesanal, dependiendo en menor medida de las condiciones físicas de las personas y, por tanto, abriéndose a una mayor integración de perfiles y de diversidad, con la incorporación de nuevos trabajadores, sin limitaciones por barreras de género o condiciones físicas, aspectos tradicionalmente vinculados al sector de la construcción.

Un tipo de trabajo en fábrica que, además, permite otorgar un entorno más estable, en un lugar fijo de trabajo, con una producción preestablecida no dependiente de la activación o no de la obra, en localizaciones cambiantes.

Más allá de los aspectos tangibles, este modelo industrializado presenta también elementos de carácter social, antes difícilmente alcanzables en el sector.

Podemos destacar, por un lado, la ausencia de limitaciones derivadas de las condiciones climatológicas, ya que el trabajo en fábrica, en un entorno cerrado y más controlado, es más “amable” que a la intemperie. Por otro, el establecimiento de horarios con posibilidad de establecer turnos rotativos ordenados, ofreciendo una mejor conciliación entre la vida profesional y familiar. Y, por último, pero no menos importante, una mayor inclusión de diversos perfiles, al eliminar la barrera del trabajo más asociado a la fuerza o ciertas condiciones físicas.

A este respecto, según los últimos datos registrados por la EPA en febrero de 2020, y correspondientes al último trimestre del año 2019, sólo el 8,4% de los profesionales ocupados en el sector de la construcción son mujeres. 2019 se cerró con 107.639 mujeres trabajando en el sector, frente a los 1.176.271 hombres. A ello se suma que las mujeres ocupadas del sector se concentran, principalmente, entre los 35 y los 54 años (un 69% del total); siendo las menores de 25 años solo un 1,7% del total de ocupadas. A lo que tenemos que añadir la escasez de jóvenes trabajando en el sector, algo que afecta a ambos géneros, siendo el 3,4% del total el porcentaje de hombres que trabajan en la construcción menores de 25 años.

A todo ello se une que, mientras que las obras están deslocalizadas, en ubicaciones cambiantes, la fábrica se encuentra en o junto a una población estable. Por lo que, por un lado, se elimina el problema de buscar mano de obra en el mercado local -donde a veces es complicado por su escasez o por requerir grandes desplazamientos de los trabajadores-; y, por otro, se fortalece el tejido industrial y la riqueza de la zona de manera sostenible y estable en el tiempo.

No debemos olvidar todo lo que aporta la construcción industrializada y su vinculación a la innovación tecnológica y a las innovaciones constructivas, ámbitos para los que es necesario captar los mejores perfiles que están surgiendo y que antes ni siquiera existían.

En definitiva, el gran reto de nuestra industria es atraer el talento joven y otros perfiles que hasta la fecha se han alejado de la construcción, como el talento femenino, con nuevos puestos más atractivos que acaben materializando la transformación profunda y necesaria en todos los niveles del sector.

 

Nerea García

Directora de RR.HH. Grupo Avintia

El principal reto para enfrentarse a los cambios será en la gestión de las personas

¿Por qué una ventana no se puede fabricar antes de medir su hueco en obra? Porque en el 93 % de los casos existen variaciones entre medida de proyecto y medida real de hueco, porque en el 57 %, los detalles de ejecución de proyecto se modifican o definen en obra y en el 39 %, una vez medido el hueco, se modifican modelos de ventanas.

Como se suele decir en los entornos de gestión Lean, el dato anula la opinión, se puede estar más o menos de acuerdo en la necesidad de implantar cambios, pero cuando los datos son tan evidentes, se minimiza la discrepancia y toma fuerza la razón. Es difícil creer que a lo largo del contenido de estos tres “White papers” el lector no pueda estar de acuerdo, con más o menos convicción, en que el sector adolece de una serie de precariedades a las que debe dar solución: la generación de residuos, el consumo energético, la incertidumbre de plazos, desviación de presupuestos, escasez de mano de obra, divergencia entre el proyecto inicial y el finalmente construido, etc. La cadena de valor de la construcción es un conjunto de eslabones que, con demasiada frecuencia, tienen intereses enfrentados; el diseño se realiza en la fase inicial sin tener en cuenta su ejecución y la toma de decisiones se posponen a fases ulteriores, “esto ya lo decidiremos en obra”, ¿Somos conscientes de lo que supone esta expresión? Detrás de ella se esconden muchas de las ineficiencias del modelo actual, no es casual si esta frase se repite, es la falta de información y datos en fases tempranas del proyecto para que luego, cuando ya se tiene que tomar, seguramente será demasiado tarde para que sea la mejor.

La gran mayoría de los profesionales del sector, ante la pregunta sobre la necesidad de implantar cambios en el modelo “tradicional”, responde favorablemente y se suma a la necesidad de cambios. Sin embargo, a pesar de esta favorable “predisposición”, la experiencia nos demuestra que, en la práctica, nos cuesta mucho aceptar este cambio.

Experiencias reales como el proyecto del Edificio Zero de KÖMMERLING, un proyecto que nació con el objetivo de construir un edificio de oficinas con objetivos ambiciosos: un edificio de Consumo de Energía Nulo (no Casi Nulo) a coste de ejecución según CTE, en el que la arquitectura jugase un papel protagonista. El objetivo fue demostrar que se pueden hacer edificios con buena arquitectura, sostenibles y a costes asumibles “Si buscas resultados distintos, no hagas siempre lo mismo” (Albert Einstein). Para lograr los objetivos se optó por aplicar una metodología de trabajo basada en tres pilares, el contrato colaborativo IPD (Integrated Project Delivery), la tecnología BIM y la filosofía Lean Construction. De esta experiencia, se identificó el principal reto al que responder: el de las personas y su enorme resistencia al cambio.

Cuando se puso en marcha la iniciativa, entre los agentes participantes no se identificaron resistencias al modelo: propiedad, técnicos, constructor, proveedores…, todos participarían en el proyecto en fases tempranas del mismo y la forma de relación entre las partes estaba basado en un modelo colaborativo (fig. 1) que, a diferencia del actual en el que el promotor firma varios contratos con los distintos agentes, aquí sólo existe uno al que todos los agentes se adhieren, centrándose en lo que hay que hacer vs. lo que pasa si no se hace.

Todos los agentes suscribieron los principios del modelo ZCp (Fig. 2) y ninguno presentó objeción alguna, sin embargo, en el transcurso del proyecto y su ejecución, la tentación de los agentes a trabajar en el modelo tradicional ha sido una constante. Un análisis llevado a cabo por la consultora Zero City Project ha revelado que, de la teoría a la práctica, más del 75% de los participantes en el proyecto, a pesar de haber suscrito el modelo de relación colaborativa y participar en la formación, tendía, más o menos inconscientemente, al modelo tradicional.

A la pregunta de si estamos de acuerdo en que el sector debe evolucionar e implantar cambios, la mayoría respondemos que sí, pero quizás pensamos que son otros los que deben cambiar, nosotros ya lo hacemos bien. Lo que debemos respondernos es de si estamos convencidos y dispuestos a aplicarlos en nosotros mismos y nuestras organizaciones.

La mejora de los resultados vendrá por una mejora en los procesos, junto al convencimiento de todos los agentes de sus ventajas. El principal reto para enfrentarse a los cambios será en la gestión de las personas.

LA INDUSTRIALIZACIÓN OFRECE UN ENTORNO DE GESTIÓN MÁS FAVORABLE PARA LA GESTIÓN DE PERSONAS

En la industria, existe una carrera por la mejora de procesos. Los esfuerzos en la creación de valor y reducción al mínimo de despilfarros e ineficiencias, el Lean Manufacturing ha generado conocimiento y herramientas para “estandarizar” con más o menos complejidad, la optimización de procesos y gestión de personas. En términos generales, parece más sencillo formar a personas y técnicos para una cadena de montaje donde las tareas y procesos se pueden estandarizar que en un proyecto de edificación en el que, hasta la fecha, cada proceso es independiente uno de otro, ejecutados por personal en tiempo y forma distintos, con información y datos aislados. La industria desarrolla su actividad en un entorno más favorable para la optimización de procesos, mientras, la ejecución de la obra se focalizará en el ensamblado y montaje de elementos preindustrializados, minimizando su exposición a mano de obra y tiempos de ejecución.

Hoy se habla de que la industrialización de la construcción no mejorará costes, pero mejorará calidad y plazos de ejecución en un 30%, estas valoraciones suelen provenir del sector de la construcción, pero cualquiera que trabaje en un entorno industrial sabe que esas cifras son más que mejorables, el objetivo puede y debe ser mucho más ambicioso, el problema es que hoy, cuesta visualizarlo.

Volviendo al ejemplo de la ventana, esta no se considerará un elemento a instalar en una obra, sino un elemento a incorporar en línea de montaje, integrada en paneles en los que el hueco mantiene sus cotas, el detalle constructivo ha sido previamente diseñado y ejecutado en forma, se conocerá con tiempo el momento exacto de instalación y no existirá improvisación. En este entorno de trabajo, nadie puede poner en cuestión que la calidad del producto acabado será mejor, que el tiempo se reducirá y que, en consecuencia, el coste se optimizará.

Tras las primeras experiencias, con más o menos aciertos en industrialización de la construcción, se irá produciendo una selección natural de empresas y profesionales que claramente apuestan por ello, que están convencidos y que, probablemente no con poco esfuerzo, irán conformando un ecosistema que desarrollará una forma diferente de hacer las cosas obteniendo resultados distintos, logrando el anhelado objetivo de hacer sostenible (económica, social y medio-ambientalmente) el sector de la construcción.

 

Javier Bermejo Amarillo

Director General de Profine Iberia SAU (Kömmerling)

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