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Construyendo un futuro sostenible para la industria de la construcción

Un factor clave para las empresas en la actualidad es la preocupación universal por la sostenibilidad y gestión ambiental.

En el pasado, tener una filosofía corporativa orientada a la sostenibilidad era cosa de las grandes corporaciones e influía únicamente sobre un pequeño grupo de usuarios “ilustrados”. Afortunadamente, la sostenibilidad ya no es un tema aislado, es una megatendencia global que afecta cada mercado y segmento de consumidores, convirtiéndose en un factor prioritario en la decisión de compra. Hoy en día es universalmente aceptado, que cada uno de nosotros cumple un rol para proteger el futuro del planeta y debemos actuar de una forma responsable, ahora.

UNA RÁPIDA URBANIZACIÓN

De acuerdo con el Banco Mundial, alrededor del 55% de la población de todo el mundo – unos 4,2 billones de personas – viven en ciudades. Varios expertos coinciden en que este fenómeno seguirá en aumento. Para 2050, cuando se espera que la población en centros urbanos duplique su número actual, se espera que cerca de 7 de cada 10 personas en el mundo viva en ciudades.

La firma de consultoría global McKinsey & Company, pronostica que habrá un incremento importante de sostenibilidad en el sector de la construcción y una transformación en paralelo de los hábitos de consumo que demandan edificios y espacios de vida más saludables.

MAYORES RIESGOS DE SEGURIDAD

La rápida urbanización está impulsando la inversión en el sector de la construcción, pero también aumentando los riesgos de seguridad. En zonas sobrepobladas donde la tierra es escasa o muy cara, la tendencia es construir verticalmente creando edificios de gran altura. Más personas ocupando un menor espacio, implica más cerraduras y usuarios de llaves. Los propietarios de edificios deben replantearse el tipo de medidas de seguridad que se implantan en los nuevos edificios, pero también analizar detenidamente cómo modernizar el parque de viviendas actual de manera rentable y sostenible.

CONTROLANDO LOS COSTES

El control de costes ha sido, y siempre será, un indicador esencial en cualquier proyecto de construcción. Desde la concepción de la propia estructura del edificio, pero también en la instalación de elementos internos y sus componentes, los propietarios y explotadores de edificios revisarán con todo detalle el coste de cada partida. Sean activos para la venta o en alquiler, un objetivo principal para las constructoras y propietarios es conseguir el mínimo coste total de la propiedad (TCO) posible. De acuerdo con un estudio reciente, el TCO es el indicador que prima en la decisión sobre la instalación de sistemas de cerraduras en los edificios.

CERRANDO LA PUERTA A LAS CERRADURAS TRADICIONALES

Hemos hablado sobre el rápido crecimiento de las ciudades con sus consecuentes riesgos en seguridad y la necesidad de controlar los costes de construcción y explotación de los edificios de forma sostenible. Para ser competitivas, muchas compañías se han inmerso en procesos de transformación digital. Ha tomado más tiempo que en otros sectores, pero la construcción ya está transformándose para aprovechar todas las oportunidades que trae la digitalización. De acuerdo con la investigación llevada a cabo por Virgin Media Business con Oxford Economics, el sector de la construcción es el tercer sector con más posibilidades de beneficiarse de la transformación digital.

En lo que se refiere a garantizar la seguridad de los activos, la tendencia actualmente es transformar los sistemas con cerraduras mecánicas en sistemas de acceso funcionales más seguros. Las cerraduras digitales y el acceso a partir de aplicaciones con dispositivos móviles están revolucionando la industria de la cerrajería solucionando fácilmente problemas de llaves perdidas o robadas, previniendo accesos no autorizados y suprimiendo la necesidad de trasladarse entre oficinas de administración y edificios para recoger o dejar llaves.

LA ERA DIGITAL

En un sistema de cerradura digital, todos los derechos de acceso se programan en una llave digital y todo el ecosistema de una propiedad se administra fácil y eficientemente en costes, usando un sistema operativo basado en la nube. Los permisos de acceso se pueden actualizar cada vez que se requiera y las llaves perdidas o robadas se pueden anular. No hay necesidad de invertir tiempo ni dinero en cambiar cerraduras, cilindros o fabricando nuevas llaves para cada usuario de una puerta específica.

En una solución de acceso móvil, los derechos de acceso son actualizados en tiempo real a través de las redes de comunicación a una aplicación de teléfono móvil, haciendo incluso más fácil controlar quién tiene derecho a acceder a qué puertas y en qué momento. Actualmente se está revolucionando la industria de la gestión de activos, con plataformas alojadas en la nube que permiten la gestión de múltiples activos (en remoto) ahorrando a las empresas tiempo y otros recursos.

SOLUCIONES SIN BATERÍA

Los sistemas de cerraduras más sostenibles son aquellos que no requieren uso de baterías ni cableado. Esto significa consumo de energía nulo y cero emisiones a partir de su uso diario. Algunos países, como Francia, están valorando implantar la prohibición total del uso de baterías de litio-ion en los próximos años.

En un sistema de cerradura digital sin batería, la energía necesaria para abrir la cerradura proviene del movimiento cinético al insertar la llave en la cerradura. En una solución móvil sin baterías, la energía necesaria para abrir la cerradura viene del propio teléfono móvil.

Al no tener baterías que cargar, el residuo generado por las baterías se elimina y se minimiza el mantenimiento necesario. Mucho menos personal de mantenimiento estará en la calle contaminando el ambiente con los desplazamientos para atender visitas programadas y mantenimientos recurrentes. Con llaves, baterías y exceso de cableado fuera de la ecuación, el tiempo, el impacto ambiental y el uso de otros recursos se minimiza, se incrementa la seguridad y se garantiza la rentabilidad en el ciclo de vida del producto.

FACILIDAD DE INTEGRACIÓN CON OTROS SERVICIOS

Mientras los edificios actualmente crecen en tamaño y nuevos servicios se integran en los activos, una tendencia creciente en relación con los sistemas de acceso es la integración de gestión de datos y sistemas de reservas junto con bases de datos de clientes. De esta forma, en un edificio de viviendas, por ejemplo, un sistema de acceso digital permite autorizar a cada usuario o llave el acceso por la puerta de la comunidad o la puerta de cada uno de los pisos, de la misma forma que permite reservar y autorizar el acceso a zonas comunes como saunas, gimnasios o salas de reuniones que podrán ser gestionados por terceros. Las cerraduras sin batería y sus llaves son duraderas, y operan de forma fiable en condiciones adversas. Pueden ser fácilmente reprogramadas y reutilizadas haciéndolas una solución sostenible a largo plazo. Al ofrecer una gestión de acceso rápida y flexible, aumentan el valor de las propiedades y garantizan importantes ahorros en el ciclo de vida del producto. Cuantas más cerraduras y llaves tenga el edificio, mayor será el ahorro que se pueda conseguir.

 

Agustín Llobet,

Director General de iLOQ Iberia

Reducir las emisiones de CO₂ como responsabilidad corporativa

La responsabilidad corporativa de reducir las emisiones de CO2 y descarbonizar se ha convertido en un asunto fundamental para las empresas.

La responsabilidad corporativa de reducir las emisiones de CO2 y descarbonizar se ha convertido en un asunto fundamental para las empresas impulsada, además, por el importante objetivo de conseguir cero emisiones netas de CO2 para 2050. En 2025 el objetivo es haber reducido estas emisiones en un 30%, y para 2030 un 50% o más.

EL DESAFÍO DE LOGRAR LA NEUTRALIDAD DE CARBONO:

Dado que el aire acondicionado consume una gran cantidad de energía y emplea refrigerantes, reducir las emisiones de CO2 en este sector se convierte en un gran desafío cuya solución pasa por tres hitos principalmente: expandir el negocio de las bombas de calor aire-agua, incrementar la presencia de dispositivos inverter de ahorro de energía en los edificios y promover el uso de refrigerantes regenerados y de bajo PCA.

¿Cuáles son las acciones principales para conseguirlo?

    1. Reducción de emisiones de CO2 durante la fabricación (procesos de desarrollo / producción). Para reducir y controlar las emisiones de CO2 , HFC, PFC y otros contaminantes provocados por la energía en los procesos de desarrollo y producción en la fase de fabricación, es fundamental utilizar las materias primas de manera más eficiente, reutilizar y reciclar los desechos emitidos, utilizando, por ejemplo, envases retornables.
    2. Acelerar el cambio de los sistemas de calefacción de agua de tipo combustión a los de tipo bomba de calor. En Europa y Norteamérica es prioritario acelerar la conversión de las calderas de combustión a las bombas de calor aire-agua para reducir las emisiones. Los objetivos por regiones son: • Europa: lograr alcanzar el número uno de cuota de mercado en los principales países • Norteamérica: acelerar las ventas de la bomba de calor inverter
    3. Continuar promoviendo el cambio a R32 a nivel mundial. Se planea que la proporción de R32 para los aires acondicionados domésticos supere el 95% para 2025. También es necesario trabajar para construir un ciclo ecológico de refrigerante que realice la recuperación, reciclado y destrucción de refrigerantes, y promover el desarrollo de refrigerantes y equipos de nueva generación que utilicen refrigerantes de bajo PCA, lo que permitirá reducir las cargas en los equipos.
    4. Crear nuevas iniciativas comerciales relacionadas con el medio ambiente para la expansión del mercado y las contribuciones a la reducción de CO2. Dos ejemplos: • Ciudades inteligentes: incentivar proyectos de desarrollo urbano sostenible en todo el mundo. • Creación de energía: mejorar la línea de productos de generación de energía micro-hidroeléctrica.
    5. Desarrollo de tecnologías para lograr una sociedad neutra en carbono. Aunque se espera que el cambio a fuentes de energías renovables se acelere en todo el mundo, se dice que en 2050 seguirán existiendo fuentes de energía que emiten CO2, por eso, la investigación en tecnologías de vanguardia sobre descomposición, recuperación y reutilización de CO2 es fundamental. Ejemplos de proyectos específicos en esta línea:
    • Explorar tecnología para la separación, recuperación directa y reutilización de CO2 a temperatura ambiente.
    • Establecer una hipótesis para una sociedad con cero emisiones netas de CO2.

ECONOMÍA CIRCULAR

Para reducir las emisiones de gases nocivos para el medioambiente, también es esencial utilizar los recursos de la manera más eficiente posible durante los procesos de desarrollo y producción. Por ejemplo, Daikin lleva a cabo la iniciativa 3R & Repair con la que pretende aplicar la conocida regla de ‘reducir, reutilizar y reciclar’, además de ‘reparar’, al desarrollo y diseño de producto, así como en los materiales de embalaje.

    • Reducir: Hacer los productos más pequeños y ligeros sin sacrificar la eficiencia energética hace que se utilicen menos recursos. Por ejemplo, Daikin redujo el peso de EcoZEAS, en la serie SkyAir para oficinas pequeñas en un 10 – 15% respecto al modelo convencional con la adopción de un nuevo compresor inverter oscilante.
    • Reutilizar: aprovechar componentes que ya no se utilizan y darles una segunda vida. Por ejemplo, en las piezas que han sido reemplazadas y que contienen múltiples componentes, como placas de circuito impreso, se puede reparar cualquier mal funcionamiento o reemplazar los componentes desgastados para poder utilizarlos como repuesto en otros productos, tras pasar las pruebas de calidad que aseguren el buen funcionamiento.
    • Reciclar: desarrollar y diseñar productos en los que es fácil separar las piezas para reciclarlas correctamente, así como utilizar plásticos reciclados como materiales de construcción de dichos productos. En 2019, por ejemplo, se elimina la superficie pintada de las piezas de plástico de la unidad interior Stylish Flow de la serie de SkyAir para tiendas y oficinas pequeñas, aumentando así la tasa de reciclaje.
    • Reparar: hacer que los productos aumenten su vida útil para emplear menos recursos. Con este fin, Daikin ha fortalecido su sistema de reparación estableciendo puntos de servicio repartidos por toda la geografía para atender las solicitudes de los clientes y responder a sus preguntas y consultas relacionadas con los productos.

Para reducir el impacto medioambiental en su conjunto, no solo es necesario considerar las emisiones de CO2 de los refrigerantes, sino la eficiencia total del sistema. Para ofrecer la mejor eficiencia estacional, es importante contar con tecnologías que permitan ahorrar energía con temperatura de refrigerante variable, con la tecnología Inverter, la tecnología de recuperación de calor, los filtros que se limpian por sí solos para maximizar el confort o la eficiencia en todo momento o las plataformas de monitorización que permiten el uso inteligente de la gestión de edificios para hacer seguimiento constante del consumo energético y evitar el derroche de energía al mismo tiempo que se mejora el mantenimiento para garantizar una larga vida útil.

LOS PRIMEROS PASOS HACIA UN FUTURO MÁS VERDE:

Siguiendo estas bases, se consiguen resultados medibles a corto plazo que marcan el camino hacia un futuro más sostenible, como muestran los siguientes hitos de Daikin en 2019:

    • Reducción de 68 millones de toneladas de CO₂ durante el ejercicio de 2019 gracias a la creación de productos conscientes con el medio ambiente.
    • Reducción de un 76% el ratio de emisiones de gases de efecto invernadero durante la fabricación de productos, lo que equivale a 1,28 millones de toneladas de CO2.
    • Aumento en un 97% las ventas de aire acondicionado con tecnología inverter y con refrigerantes de menor potencial de calentamiento global.
    • 39 fábricas del grupo Daikin certificadas con el título Green Heart Factories.
    • Realización de actividades para la preservación de los bosques junto a organizaciones locales e internacionales que equivalen a la reducción de 7 millones de toneladas de CO₂.

 

Jesús María Martínez Bautista,

Manager de Consulting Sales & Key Accounts Daikin

Economía circular y ética: reflexiones de un nuevo paradigma

Tenemos un único planeta, del cual la humanidad se va abasteciendo.

Érase una vez un rey en su castillo, que vivía en un mundo maravilloso, lleno de vida, montañas, ríos y animales. Todo el mundo era feliz y se vivía en armonía con el entorno.

El rey, para conseguir el “progreso”de su pueblo, comenzó a diseñar procesos con el objetivo de que los habitantes de su reino tuvieran acceso a mayor cantidad de productos, recursos y una vida mejor. La gente comenzó a comprar estos nuevos productos y servicios, pero cada vez los querían con mayor inmediatez, lo que generó tensiones en el reino. El rey no era capaz de atender las demandas de sus habitantes, pero, entonces, descubrió el petróleo como una fuente de energía que le permitía alcanzar mayor productividad y crecer cada vez más y más. Comenzó a construir grandes autopistas e infraestructuras para que estos productos cada vez se pudieran entregar más rápido.

El planeta le ofrecía todo lo que necesitaba para ese crecimiento rápido, no había límites y la gente de las poblaciones pequeñas comenzó a viajar y asentarse en este nuevo reino donde todo se podía tener…

La historia de una economía depredadora en energía y recursos comienza de esta manera. Todos somos habitantes de ese reino desde hace muchos años (probablemente desde la era industrial), pero hoy los indicios indican que, o cambiamos nuestra forma de utilizar los recursos, o llegaremos al colapso de la humanidad. Es por esto por lo que la sostenibilidad está hoy en boca de todos. Este término puede resultar muy ambiguo ya que engloba multitud de aspectos como, por ejemplo, las emisiones de gases de efecto invernadero, los residuos, los vertidos, el consumo de recursos, la eficiencia energética, el cambio climático, la economía circular, la pobreza energética… Hoy todo ha de ser sostenible y todo el mundo se apunta a la moda. Pero el que todo el mundo hable de sostenibilidad obliga necesariamente a los mercados, fabricantes, diseñadores y legisladores a integrar estos conceptos en sus desarrollos.

Hoy vivimos en una economía líneal de producir, usar y tirar, pero el paradigma de este modelo está llegando a su fin y debemos abordar un modelo conocido como economía circular que no es más que un modelo basado en reducir, reusar y reciclar.

Para entender bien la esencia del concepto de economía circular tenemos que tener claro que cada año el planeta produce una serie de recursos que la humanidad va consumiendo (agua, energía, materias primas, etc). Tenemos un único planeta, del cual la humanidad se va abasteciendo. El 29 de julio de 2021, la humanidad consumió todos los recursos que el planeta es capaz de producir durante el total del año. Este fenómeno, calculado por la organización internacional sin ánimo de lucro Global Footprint Network (GFN), significa que, durante este año, la humanidad consumirá el equivalente a 1,7 planetas de media. Por lo tanto, el balance total demuestra que la humanidad está en números rojos y tiene en su cuenta lo que se conoce como “deuda ecológica”, que se hace patente en la pérdida de biodiversidad y la presencia de fenómenos meteorológicos cada vez más potentes y más frecuentes.

Esta deuda ecológica se mantiene en España al menos desde 1961, año en el que Naciones Unidas empezó a recopilar esta serie de datos, y no se ha reducido desde entonces.

Todo lo anterior nos debería llevar a reflexionar. En los países desarrollados vivimos en una sociedad cada vez más globalizada, en la que durante los últimos años se ha primado la cultura del consumo de bienes y objetos con un crecimiento exponencial. Pero… ¿es ético relacionar economía, crecimiento y sostenibilidad?

Según expresa la Agencia Europea del Medio Ambiente, en su publicación “Growth without economic growth”, el crecimiento económico, tal y como lo entendemos hoy en día, está vinculado al aumento de la producción, el consumo y el uso de recursos y tiene efectos perjudiciales para el medioambiente y la salud humana. Es poco probable que pueda lograrse una disociación absoluta y duradera del crecimiento económico y las presiones e impactos medioambientales a escala mundial, por lo que las sociedades deben replantearse qué se entiende por crecimiento y progreso y su significado para la sostenibilidad global.

Incluso si en los países desarrollados consiguiéramos implementar sistemas de economía circular que nos permitieran llegar a un equilibrio entre lo que el planeta es capaz de producir y lo que necesitamos, ¿sería ético pedir esto mismo a los países en vías de desarrollo? Es evidente que la huella ambiental está íntimamente relacionada con los modelos de desarrollo socioeconómicos, pero si atendemos a las macrotendencias, esto no es solamente una cuestión relacionada con los países ricos. A nivel global, la esperanza de vida crece, así como la calidad de ésta, con lo que existe una demanda creciente de bienes y servicios en todo el mundo que dará como resultado un incremento de la demanda de materias primas a nivel global. Esto, unido a un incremento de la población mundial en los próximos años, nos obligará a un cambio de paradigma absoluto ya que solamente tenemos un planeta.

Este cambio de paradigma tendrá que ir ligado a modificaciones no sólo en las prácticas sociales y el consumo, sino también a cambios tecnológicos que hagan posible poner en práctica la economía circular en más y más sectores, entre ellos el de la construcción. El sector de la edificación y la construcción es un actor clave: por ejemplo, en 2017 representó el 36% del uso de energía final y el 39% de las emisiones relacionadas con la energía y los procesos.

Si bien en los últimos años se han producido (y se seguirán produciendo) grandes avances en la etapa de uso de los edificios para hacerlos más confortables y eficientes, es fundamental que sigamos poniendo el foco en la etapa de producción y construcción y también en el fin de vida de los componentes que forman nuestras construcciones, aplicando el concepto de economía circular a todas las etapas del ciclo de vida del edificio.

Esto supondrá desviar cada vez más materiales del flujo a vertedero y elevar la tasa de recuperación de los residuos de construcción y demolición por encima del 70% marcado por la directiva europea (2008/98/CE) y sus posteriores modificaciones para 2020. Por ejemplo, en España se producen al año 130.000 toneladas de residuos de Placa de Yeso Laminado (PYL). El yeso es un material 100% reciclable que puede ser reciclado infinitas veces, por lo que, con la instauración de los procesos adecuados para su reciclaje, se puede obtener un nuevo material que mantiene las mismas

cualidades y garantías que el inicial. Esto permite reintroducirlo nuevamente en el mercado, reduciendo el consumo de recursos naturales y preservando el medio ambiente. Estos motivos son suficientes para impulsar la necesaria elección de materiales reciclables y reutilizables siempre que sea posible. Aunque esto es sólo un ejemplo, será obligación de todos los agentes implicados en la construcción que la circularidad de nuestras edificaciones sea una realidad para conseguir la reducción de las emisiones y la energía consumida por nuestro sector.

Mari Luz Jimeno,
Responsable en la Oficina Técnica de Saint-Gobain ISOVER y Placo

Necesitamos cambios disruptivos

Fundación ECODES busca el bienestar para todas las personas dentro de los límites del Planeta y su misión es buscar cómplices en todos los sectores de la sociedad para construir alianzas y lograr así acelerar la transición justa hacia una economía que, al fin, haga las paces con la naturaleza.

Estamos viviendo una encrucijada planetaria. Los científicos del clima nos advierten en sus informes que debemos construir una economía neutra en carbono lo antes posible. Esta década es decisiva. Y nosotros mismos, personas comunes que ven una y otra vez cómo se suceden fenómenos atmosféricos extremos en uno y otro continente, tenemos la misma convicción.

Se multiplican los mega incendios, las mega inundaciones, las mega sequías. En los informativos, cuando los reporteros recogen testimonios de las víctimas de estas catástrofes, hay una expresión muy repetida: “No habíamos visto nada igual”.

Este estado de cosas ha movilizado la opinión pública mundial y hoy tenemos un “Programa Común de la Humanidad”: los 17 ODS y el Acuerdo de París. Esta doble agenda nos acerca al gran objetivo del siglo XXI: construir una economía que, al fin, haga las paces con la naturaleza.

Nos hemos puesto de acuerdo, pueblos y gobiernos del mundo, en que ésta es la tarea común de nuestra generación en este momento de la historia. En este desafío planetario, Europa ha asumido un gran liderazgo. El año pasado, la Comisión Europea anunció que quería ser el primer continente neutro en carbono para el año 2050 y posteriormente comunicó su objetivo de reducir las emisiones europeas un 55% para el año 2030.

Estos ambiciosos y necesarios logros no se pueden cumplir si no asumimos una cultura de corresponsabilidad. Cada cual debe aceptar su cuota parte en el cambio, que debe ser proporcional a su responsabilidad como co-causante de la emergencia climática. Por eso el sector de la edificación y la vivienda, que empieza retrasado esta carrera hacia las emisiones netas cero, afronta un gran desafío.

La inmensa mayoría de los edificios de viviendas en España son despilfarradores de energía y dan la espalda a las energías renovables. Un dato impresiona: en Alemania existen 1,4 millones de tejados solares y en España, el país de Europa con el mayor potencial solar, hay… solo unos 10.000.

La movilidad y la vivienda son dos grandes sectores que explican que las emisiones difusas en España se resistan a bajar. En la movilidad se están produciendo cambios rápidos. La Unión Europea ha anunciado que a partir del año 2035 ya no se podrán vender vehículos con motor de combustión. Las empresas automovilísticas están acelerando su transformación. La revolución de la movilidad está en marcha. Sin embargo, el sector de la edificación, en general, camina, pero no corre.

El ritmo de rehabilitación con criterios ambientales y sociales de las viviendas en España es desesperantemente lento. Se rehabilitan de forma integral unas 25.000 viviendas al año, un 0,1% de las existentes. El dato está muy lejos de la tasa de renovación del 2% que recomienda la UE.

El Plan de Recuperación va a suponer una aceleración, pero ganar velocidad no solo es un tema de dinero. Si queremos que esta década sea decisiva, debemos hacer las cosas de otra manera, debemos hacer cambios disruptivos. Algunos de ellos son legales; otros, culturales; y otros, tecnológicos. Uno de los cambios tecnológicos más prometedores, en mi opinión, es hacer una construcción más industrial, menos artesanal. Eso será bueno para el medio ambiente: para reducir las emisiones de carbono, para generalizar las energías renovables, para facilitar el despegue de la electromovilidad, para aumentar la durabilidad de las edificaciones, para facilitar la reutilización de los elementos constructivos… También puede ser bueno para lograr viviendas más saludables, con más confort. En la pandemia, en su forzado confinamiento, hemos visto cómo porciones significativas de la población no disfrutan de viviendas saludables. También creo que esa construcción más industrializada será buena para un gran objetivo muy necesario en este país y que debemos afrontar: hacer una transición justa sin dejar a nadie atrás. Las viviendas deben ser más asequibles. No son un bien de lujo, sino uno necesario sin el cual el resto de los derechos se hacen impracticables.

Por último, la construcción industrializada aplicada a la rehabilitación nos puede permitir, a través de soluciones creativas aplicadas a nuestros conjuntos residenciales vulnerables, poner en marcha la tan deseada “oleada de rehabilitaciones”.

He dicho cambios tecnológicos, como si estuvieran separados de los legales y culturales. No hay esos silos. Cambiar la tecnología significa cambiar normativas, cambiar ordenanzas, cambiar hábitos, cambiar rutinas y cambiar prejuicios. No es una tarea fácil. Pero es una tarea necesaria.

El sector de la vivienda y la edificación se enfrenta a un doble desafío con fuertes interdependencias: su neutralidad climática y su circularidad. Debilidad: el peso de la inercia. Fortaleza: la tremenda capacidad técnica y talento que el sector tiene. Es tiempo de actuar y rápido.

 

Víctor Viñuales,
Director Fundación Ecología y Desarrollo

Edificación industrializada, una urgencia y una oportunidad

En estos tiempos escuchamos continuamente hablar de la transformación digital de todos los sectores; y es ciertamente desconcertante, pues debemos reconocer que una parte de la sociedad ya lo está.

Vaya si lo está, no hay más que ver el intenso tráfico de mensajes en las distintas redes sociales, la forma en la que disfrutamos del ocio, el modo en que vemos nuestras series preferidas, viajamos, hacemos nuestras compras o pagamos, incluso, desde nuestros relojes.

Por tanto, no se trata tanto de si es posible o no una transformación digital sino de una voluntad (o quizás cabría decir una motivación) que nos lleve a implementar esos nuevos modos de hacer.

La pandemia ha acelerado todos estos procesos por la necesidad, que es sin duda la mayor de las motivaciones. De repente hemos encontrado no llevar dinero en nuestros bolsillos, tener cada vez menos papel en nuestro día a día, acreditando nuestra identidad telemáticamente, y todo ello lo hemos hecho decididos, entendiendo que, aunque tedioso al inicio, nos facilitaría las cosas. ¿Por qué, entonces, la digitalización y transformación de un sector estratégico es tan compleja?

Será quizás la tradición, la melancólica idea del oficio medieval de la construcción; aunque me temo que se trata más bien del miedo al cambio; ese que llega irremediablemente como observó Heráclito. Y es que es muy difícil generar una revolución (que de eso se trata) y que la emprendan aquellos que no quieren dejar de hacer las cosas de la única manera que conocen.

En el ámbito de la arquitectura, a finales de los años 80 del siglo pasado, el CAD inició su implantación en los estudios y se enfrentó a esta misma situación, el cuestionamiento de su viabilidad por aquellos que hasta ese momento trabajaban con estilógrafos a tinta china y papel vegetal. Los argumentos, que el coste era un grave impedimento, pues los proyectos dejaban de ser rentables debido a tener que

invertir en ordenadores y en personal especializado… ¿nos suena? Hoy lo recordamos con cierta ternura, pues realmente estaba cambiando de manera radical e irrevocable la forma de hacer un proyecto. Pero es interesante recordar aquello, pues supuso la reconversión completa de procesos, y de una profesión, los delineantes; y ello no generó desempleo, al contrario, se avanzó hacia modelos de mayor calidad laboral, con una mayor capacitación.

En este Libro Blanco sobre la industrialización de la edificación se mencionan profunda y detalladamente las ventajas que ello traerá al proceso y al producto terminado, por lo que no abundaré en ello. Pero sí cabe enfatizar que, además, estamos en un momento crucial para conseguir que la construcción sea un motor de empleo más estable, profesionalizado, inclusivo y transversal.

Reconvertir la edificación en un sector a la vanguardia de la tecnología, con nuevos materiales (en nuestro laboratorio de la ETSIE estamos fabricando hormigones de ultra alta resistencia-UHPC- con más de 150 N/mm2 de resistencia, testando armado con fibras con un límite elástico seis veces superior al del acero, etc.), la implementación de metodologías BIM y LEAN, va a provocar un salto cualitativo en este ancestral sector que lo hará “visible” a esas nuevas generaciones que consideran el trabajo en obra muy duro (porque lo es), sucio y, en fin, poco glamouroso, si se me permite la licencia.

La actual falta de mano de obra (tradicional) es alarmante y pone en riesgo los nuevos proyectos inmobiliarios. Desde la Cátedra Observatorio de la Vivienda de la UPV se estima que los costes derivados de esta escasez de mano de obra cualificada, unido al relevante aumento en el precio de las materias primas, puede suponer una distorsión en el sector ante la imposibilidad de repercutir esos importes al precio de venta. Con los datos del 3T2021 que manejamos en la Cátedra, el mercado inmobiliario está en un delicado equilibrio, inmerso en una recuperación que se ha visto alterada por la pandemia, pero que en modo alguno puede caer en el error de imputar los sobrecostes al cliente final, pues peligraría la comercialización de los inmuebles.

La forma de gestionar los proyectos inmobiliarios debe enfrentarse de manera muy diferente a la que ha venido siendo habitual, pues es extremadamente sensible a cambios coyunturales. No tiene sentido que los agentes que construirán una edificación se “conozcan” cuando va a empezar la obra. Ya es tarde para demasiadas cosas, entre ellas, garantizar los tres pilares: calidad, plazo y precio.

Se debe optar cuanto antes por implementar el contrato colaborativo IPD (Integrated Project Delivery), industrializar los procesos, aplicar metodología BIM y filosofía Lean Construction, y hacerlo desde el inicio del planteamiento de viabilidad de la operación inmobiliaria, mucho antes de iniciar el modelado del proyecto. Propiedad, arquitectos, ingenieros, constructora, fabricantes, proveedores y consultores deben,

de manera conjunta, dar forma a ese gemelo digital parametrizado que será garantía de éxito. Cuanto más proceso industrializado haya y menos trabajo artesanal en el “tajo” de obra, más posibilidades de cumplir con los objetivos iniciales. En las universidades ya se trabaja para adaptar los nuevos planes de estudios a estos escenarios cambiantes, y lo deberíamos hacer planteándonos cómo será nuestro sector no mañana sino en 30 años. ¿Podemos imaginar la edificación en 2050? No hace falta aplicar machine learning para intuir que habrá mucha robótica, ensamblado automatizado y poco de “obra sucia”.

La vivienda se está convirtiendo en un lugar muy tecnificado, conectado y sostenible, un hogar digital que se relacionará de manera autónoma con el entorno construido, a través de IoT (Internet of Things) y las tecnologías 5G. Una edificación totalmente sensorizada; en la ETSIE estamos investigando con sensores conectados para prevenir la oxidación en elementos estructurales, detectores de olores o “sabores” -mediante lenguas electrónicas-, etc. que ya anticipan cómo las viviendas van a autorregularse sin necesidad de intervención humana. ¿Realmente alguien cree que en estos escenarios caben procesos constructivos que dependen de la formación y criterio de mano de obra no profesionalizada o gestión de proyectos obsoletos?

El empleo que se precisa, hacia donde se debe orientar la Formación Profesional de los futuros trabajadores del sector, es un perfil mucho más especializado, que trabajará en condiciones estables, bajo techo y con procesos estandarizados, con un salto cualitativo en PRL y conciliación laboral -consecuencia de no tener que improvisar equipos por cercanía a las obras-, que permitirá una mayor inserción de la mujer en todos los procesos y, en definitiva, será más transversal, pues no diferirá tanto de otros procesos de sectores que pasarán a ser afines (crear espacios para utilizarlos en viviendas, hoteles u hospitales será similar a prepararlos para ser dispuestos en embarcaciones o en zonas de emergencia).

Y esto no debe ser considerado como una amenaza para la Arquitectura, que ya imagino ese nuevo frente. No, es todo lo contrario, es una extraordinaria oportunidad de manejar otros elementos en el proceso creativo que permitirán que la materialización del gemelo digital en realidad construida tenga menos incertidumbre y mayor calidad. El debate acerca de su coste ya lo hemos vivido, como se ha mencionado. Ha sido cuestionado siempre que la inversión se hacía en Calidad, sin un retorno inmediato. Pero ya nadie discute que mejorar los procesos, asegurar los estándares fijados y hacer que todo encaje es la mejor inversión en cualquier industria. Y la edificación no será menos, pues, no en vano, habremos pasado de medir en centímetros a hacerlo en milímetros.

Fernando Cos-Gayón López,
Director de la Escuela Técnica Superior de Ingeniería de Edificación de la UPV.

LEVEL(s): propuesta de la Comisión Europea de indicadores de sostenibilidad en edificios

El sector de la edificación como parte de la solución de los grandes desafíos de la humanidad.

En menos de 30 años (en concreto, en el periodo 2020- 2050), la población mundial pasará de 7800 a 9700 millones de habitantes, un incremento equivalente a añadir nuevamente la población de China e India juntas (11 mil millones de habitantes en 2100). Este crecimiento de la población mundial se producirá exclusivamente en núcleos urbanos: de hecho, en el año 2050, la población urbana superará a la que había en todo el planeta a principios de este siglo y para cubrir toda la demanda de esta nueva población en términos de recursos (agua, energía, materias primas, etc) necesitaremos el equivalente a tres planetas si seguimos con nuestro modelo actual.

Como es evidente, sólo tenemos un planeta con capacidad limitada de absorción de gases de efecto invernadero y contaminantes, y de generación de recursos para satisfacer todas nuestras necesidades, por lo que es necesario cambiar nuestro concepto de desarrollo y modelo económico. Solamente garantizaremos la continuidad de la especie tal y como la conocemos hoy mediante la desvinculación del crecimiento del consumo ilimitado de recursos. De la misma manera, deberemos cambiar nuestras fuentes actuales de consumo de energía y pasar a utilizar energías menos contaminantes. Por estas y otras razones, la Comisión Europea lleva trabajando muchos años en el desarrollo de herramientas para la lucha contra el cambio climático (descarbonización y transición energética) y la economía circular.

Siendo el sector de la edificación uno de los responsables de gran parte de los impactos ambientales provocados, también es el sector con mayor potencial de ayudar a resolver los grandes retos de sostenibilidad, como se muestra en la siguiente figura.

El sector de la edificación se convierte así en un actor clave como parte de la solución del problema para alcanzar la neutralidad climática marcada por la Comisión Europea para el año 2050, ya que es precisamente este sector el mayor consumidor de energía y de recursos en la UE. Además, más del 94% de los edificios actuales en Europa seguirán en pie en 2050, debido a la baja tasa de demolición. La mayoría de estos edificios son antiguos e ineficientes energéticamente, con más de la mitad de ellos en las tres clases de energía más bajas (E, F y G) marcadas por la UE.

Por otro lado, los edificios construidos en el pasado fueron diseñados para unas condiciones de vida totalmente diferentes a las de hoy donde no se consideraban la digitalización, el teletrabajo y las condiciones de accesibilidad debido al envejecimiento de la población. La rehabilitación del sector será una de las grandes palancas no solo para generar empleo sino para alcanzar las metas definidas en la hoja de ruta de la sostenibilidad.

Además, el sector de la edificación es clave para el bienestar de las personas, y no solo de forma directa. Si en 2012 los edificios hubiesen sido de clase energética A (la clase energética más alta) la reducción en el pago de la factura energética en los años más duros de la crisis hubiese permitido evitar los recortes en sanidad y educación, cuando nuestra balanza de pagos estaba desequilibrada por nuestra fuerte dependencia energética del exterior. Necesitamos un parque eficiente e independiente de los combustibles fósiles para protegernos no solo a nosotros sino también a nuestro estado del bienestar.

Todo ello nos obligará a una transformación profunda del sector de la edificación, que tendrá que ir acompañada de un cambio global en todo nuestro sistema productivo aplicando principalmente tres estrategias:

Si tenemos claro que necesitamos una edificación más sostenible, también necesitaremos definir mecanismos que nos permitan determinar el comportamiento ambiental de los edificios porque… ¿qué entendemos por un edificio sostenible? ¿es aquel que consume poca energía? ¿el que consume menos agua? ¿el que genera menos residuos? ¿el más económico?

Surge la necesidad de disponer de un sistema de indicadores objetivos que nos permita determinar este concepto. Esto es lo que subyace detrás del concepto de Level(s). Level(s) es un marco voluntario y común para evaluar el comportamiento medioambiental y la sostenibilidad de los edificios durante su ciclo de vida que ha sido desarrollado por la Comisión Europea en colaboración con los actores de la industria, entre los que se encuentra SAINT-GOBAIN.

Level(s) contribuye a la economía circular, ofreciendo un procedimiento por etapas para la evaluación del ciclo de vida a través de un conjunto de indicadores básicos de sostenibilidad, para edificios residenciales y de oficinas, que abordan no sólo su comportamiento medioambiental, sino también otros aspectos clave en la sostenibilidad vinculados con la salud, el confort, el bienestar, el coste del ciclo de vida o futuros riesgos en el comportamiento.

Con esto, se persigue facilitar la adopción de medidas a nivel de edificio que puedan contribuir claramente a la consecución de objetivos más generales de la política medioambiental europea, fomentando dos herramientas esenciales: el análisis del ciclo de vida (ACV) y el análisis del coste del ciclo de vida (ACCV). Está estructurado de la siguiente manera:

    1. Macroobjetivos: seis macroobjetivos en ámbitos como la energía, el uso de materiales y los residuos, el agua y la calidad del aire en interiores.
    2. Indicadores básicos: nueve indicadores comunes para medir el comportamiento de los edificios que contribuyen a lograr cada uno de los macroobjetivos.
    3. Herramientas relativas al ciclo de vida: cuatro herramientas para la generación de escenarios, una herramienta para la recogida de datos, y una metodología del ACV simplificada. Todas ellas están diseñadas para respaldar un análisis más holístico del comportamiento de los edificios basado en un enfoque que abarque todo el ciclo de vida.
    4. Calificación del valor y del riesgo: un sistema de listas de comprobación y calificación que ofrece información sobre la fiabilidad de las evaluaciones del comportamiento realizadas utilizando el marco Level(s).

El sector de la construcción es un gran consumidor de recursos en Europa. Utiliza alrededor de la mitad de todos los materiales extraídos, la mitad de toda la energía consumida y un tercio de toda el agua que se utiliza, generando un tercio del total de residuos.

Esta es la razón por la que la construcción es un objetivo clave de la política de la Comisión Europea para una economía circular, que trabajará para conseguir un sistema económico regenerativo que reduzca al mínimo el consumo de recursos y de energía. Sin duda, Level(s) marcará el camino a los distintos países de la Unión para conseguir los objetivos marcados en 2050.

Nicolás Bermejo,
Responsable Desarrollo Marketing Técnico y Sostenibilidad en Saint-Gobain, Placo e ISOVER.

Edificios de Consumo Energético Casi Nulo (ECCN): ¿En qué consisten y cuándo comienzan su aplicación?

Según la Directiva Europea de Eficiencia Energética en Edificios, el 40% del consumo energético en la Unión Europea proviene de los edificios, aparte de generar el 36% de las emisiones contaminantes. Además, el parque inmobiliario está muy envejecido y el 35% de los edificios tiene más de 50 años.

Con estos datos preocupantes, todos los esfuerzos están puestos en reducir las emisiones contaminantes y contribuir todo lo posible a que nuestra forma de vivir sea más sostenible. Para ello, es necesario abordar el diseño, construcción y mantenimiento de los edificios. En este proceso se ha adoptado el término anglosajón NZEB, que hace referencia a “Nearly Zero Energy Building”. Este término se ha adoptado en castellano como “edificios con consumo de energía cero o nulo” (ECCN).

Hoy vamos a analizar qué es exactamente un NZEB o ECCN, la normativa europea y española al respecto y la metodología para alcanzar estos estándares de consumo energético tan reducidos.

¿Qué son realmente los ECCN?

Aunque suene a algo propio de las películas de ciencia ficción, el sector lleva años conceptuando y desarrollando la idea de los ECCN, hasta el punto de que –como veremos después- las directrices europeas y españolas obligan a que los nuevos edificios sean de esta tipología. En primer lugar, afecta a todos los tipos de edificios, sean destinados a usos comerciales, industriales o de vivienda.

Además, para conseguir un edificio de consumo de energía cero, hay dos vías o estrategias a seguir:

    • La primera es aplicar todas las técnicas de diseño y constructivas que reduzcan al máximo los consumos energéticos.
    • La segunda es implementar consumo de energías renovables o autoconsumo de las mismas, con el objetivo de producir la misma cantidad de energía que consumen estos edificios.

De hecho, en función de si tiene producción propia de energía renovable, la terminología varía: edificios con consumo casi nulo, con un alto porcentaje de consumo de energías limpias; edificios con consumo nulo, pues generan una cantidad igual de energía de la que demandan; y por último, los edificios con consumo positivo, cuando generan más de la que consumen.

Normativa europea y aplicación del CTE en España

El término NZEB fue introducido en la normativa europea a través de la Directiva 2010/31/UE. Desde el 2010, por tanto, no solo conocemos este concepto, sino que se introdujo la obligatoriedad de que todos los edificios de nueva construcción sean de esta tipología.

Esta normativa define los NZEB o ECCN como aquellos edificios que cuentan “(…) con un nivel de eficiencia energética muy alto (…). La cantidad casi nula o muy baja de energía requerida debería estar cubierta, en muy amplia medida, por energía procedente de fuentes renovables, incluida energía procedente de fuentes renovables producida in situ o en el entorno”.

Esta directiva europea incluye el requisito de que cada uno de los estados de la Unión Europea deba decidir sobre su aplicación. La norma que rige en España en referencia a esta temática es el Código Técnico de Edificación (CTE), que en los conceptos básicos de su Documento Básico de Ahorro de Energía (DB HE) recoge las modificaciones del Real Decreto 732/2019, de 20 de diciembre. De este, podemos resumir las siguientes conclusiones:

Un Edificio de Consumo Casi Nulo (ECCN) es aquel nuevo o existente que cumple los valores límite de consumo de energía primaria no renovable y consumo de energía primaria total para edificio nuevo.
No obstante, el ECCN es un concepto dinámico que debe ir adaptándose, especialmente con la evolución de los objetivos de descarbonización, los avances técnicos y tecnológicos.
Solo los edificios de nueva construcción –por ahora-, deben cumplir las condiciones de ser ECCN.

Es importante asumir hoy los requisitos establecidos por la ley para evitar el pago de tasas extraordinarias o afrontar la necesidad de futuras reformas. La exigencia en España es menor hoy en día a la de otros países de la Unión, con la fijación de los siguientes requisitos: limitaciones al diseño estructural, al consumo de energía primaria total y de la eficiencia energética de las instalaciones de iluminación; así como una contribución mínima de energía renovable para el agua caliente sanitaria y la energía eléctrica.

¿Cómo conseguir que un edificio sea de consumo casi nulo?

La obtención de un edificio de consumo casi nulo parte del desarrollo de la idea por parte de arquitectos e ingenieros: debe aprovechar de la mejor forma los recursos naturales, como puede ser la luz del sol, el viento, el calor del sol, etc. De hecho, en las últimas décadas se ha popularizado otro estándar de vivienda, el de las casas pasivas o Passivhaus, que se caracterizan porque de partida tienen una muy baja demanda de energía.

Estas casas pasivas reducen al máximo la necesidad de sistemas mecánicos de climatización (tanto calefacción como aire acondicionado), además de contar con aislamientos que eviten pérdidas de calor o frío y sistemas de renovación del aire inteligentes. No obstante, el estándar ECCN no es tan exigente y busca la eficiencia energética y la aportación de energías renovables (en el propio edificio o cerca de él).

Los edificios de consumo casi nulo no solo son una buena noticia para la lucha contra el cambio climático, sino un ahorro considerable al año para sus usuarios. En cualquier caso, y como hemos visto, es un estándar para las nuevas construcciones y en el futuro se irá ampliando a todos los edificios ya construidos, por lo que puede ser positivo informarse para conseguir un mejor rendimiento energético en nuestro edificio.

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