Construcción, Industrial
9 enero, 2020
Caballos más rápidos

Hasta el momento, el sector de la construcción ha estado basado en su gran mayoría en elementos y sistemas tradicionales.

 

Podríamos poner como ejemplo, por su importancia, el del azulejo, elemento que ya aparece en épocas muy tempranas, y que evoluciona desde las baldosas vidriadas egipcias; los enladrillados mesopotámicos; los techados de arcilla cocida (terracotta) griegos, etruscos y romanos; los mosaicos romanos y bizantinos; los azulejos islámicos; los azulejos hispano-moriscos; la mayólica italiana y española; o el del ladrillo cerámico, descubierto en yacimientos arqueológicos de la antigua Mesopotamia.

El ladrillo se fue extendiendo en ciudades que florecieron en el Medievo y el Renacimiento y se conservan construcciones de ladrillo de esas épocas, en España, Italia, Holanda, Bélgica, Francia y Alemania. En el caso de las culturas centroamericanas, con la llegada de los conquistadores españoles se incorporó el uso del ladrillo cocido a las nuevas construcciones. Podríamos ilustrar con otros elementos la continuidad de estos en el sector de la construcción a día de hoy.

Empresas como Porcelanosa o Malpesa utilizan en la actualidad los más modernos sistemas y técnicas de producción de sus productos cerámicos, fábricas robotizadas, dotadas de autómatas con los más altos estándares de fabricación. Y comentado esto último, reseñar que 9.000 años después del primer vestigio del uso del ladrillo, algo no ha cambiado: el suministro de estos materiales es a granel y coexiste la más moderna técnica de fabricación con los métodos manuales de montaje de hace siglos.